En Sant Vicenç dels Horts

El “truco”

El truco consiste en caminar diez minutos hasta el apeadero de la Colonia Güell.

La Colonia Güell está ya en la zona dos, por lo que podemos usar las tarjetas T10 de una zona dentro de la zona dos.

Aunque las tarjetas T16 de los niños de la zona uno no sirven en el resto de zonas.

Así que vamos todos con la T10.

Por cierto, el diseño de las estaciones grises de los FGC construídas en este siglo es una desgracia arquitectónica, de una mente demente.

Vale, sigamos la narración… 

Hemos ido mis niños y yo, y Olga se quedó en casa, por lo que el viaje, de ida y vuelta, nos ha salido por seis euros los tres.

A Olga no le suelen gustar nuestros experimentos a la aventura, es más, los considera una pérdida de tiempo.

Pero saco a los niños de casa, y eso permite a Olga descansar de nosotros y tener unas horas de tranquilidad.

En Sant Vicenç dels Horts

El pueblo, por lo que hemos visto, no es muy diferente a Sant Boi, pero con menos comercios y más pequeño.

Los diferentes barrios por los que hemos paseado son calcados: barrio obrero con feos edificios, barrio medio con casas pareadas individuales y núcleo clásico con casas de más años.

Todo en un espacio menor.

Aunque no hemos visto el pueblo por completo.

Mis hijos han pasado un rato en dos parques, nos hemos cansado y hemos decidido volver.

El horrible barrio obrero

Como curiosidad, el ayuntamiento usa la misma propaganda ecoestúpida en los contenedores de basura, de igual diseño; si en Sant Boi es “SantBoiNet – SantBoiLimpio“, en Sant Vicenç es “SantViNet

Qué originalidad.

Y los autobuses locales tienen las líneas SV1, SV2 y SV3. 

Como en Sant Boi están las líneas SB1, SB2 y SB3.

Para diferenciarse, los semáforos están pintados de negro, mientras que en SB son amarillos, y las placas de las calles tienen una línea roja en su parte superior.

Es decir, todo marcado por el mismo patrón, por supuesto.

Anoto este pueblo para no vivir en él.

Otro día, visitaremos otro pueblo más de los alrededores, aunque me temo que Olga seguirá llevando razón.

El último viaje juntos al colegio

Hoy, Sabbath de Litha, o Solsticio de Verano en el llamado norte de esta esfera terráquea, ha sido el día elegido por la administración colectivista, siempre más lista que los demás, como último día de colegio.

Y, como el curso que viene mi hijo mayor accederá al ESO ( Enseñanza Superficial Ofuscante, o, oficialmente, Educación Secundaria Obligatoria), pues esta mañana ha sido el último viaje juntos de mis dos hijos y yo hacia el colegio.

En el autobús L79.

Mi hijo mayor ya ha sufrido los nueve años pertinentes de Educación Primaria.

A mi hijo menor todavía le quedan tres años de sufrimiento.

Al fin y al cabo, como son niños, son culpables y han sido dispuestos a cumplir la condena de la escuela.

Aquí, los colegios tienen vallas y rejas para que los niños no se escapen.

Justo como las cárceles; qué cosas, ¿no?

Al contrario, por ejemplo, del colegio al que fue Olga en la URSS, que era campo abierto sin vallas ni rejas.

Pero, eso, sólo es una anécdota.

Así que, ya está; etapa finalizada.

Por supuesto, muchos me preguntan… “Si estás tan en contra del sistema educativo, ¿cómo es que tus hijos han ido al colegio público lavacerebros?

Hay varias respuestas…

Una, que sólo soy el padre y Olga suele imponer su criterio; ya se sabe, es el poder del matriarcado.

Dos, porque prefiero que mis hijos sepan lo que es no tener libertad ahora cuando son niños para que la aprecien cuando sean adultos, como me pasó a mí.

Tres, por conveniencia pues hubiera entrado en una guerra con el estado y sus acólitos que hubiera perdido.

Cuando comenzaron mis hijos a ir al colegio les dije: “Hacedlo todo lo mejor posible y sed los mejores de vuestras clases porque así vuestros profesores os dejarán en paz. Y no repetid a nadie lo que os cuento en casa.

Y, con esta pequeña fórmula, mis hijos han sacado las mejores notas de sus clases y hemos pasado casi desapercibidos.

Los profesores en cada curso siempre nos han contado que estaban muy contentos con sus notas y actitud.

Incluso el año pasado, su tutora le puso una nota a mi hijo mayor diciéndole que no hacía falta que estudiara en el verano porque había hecho un curso genial.

La verdad, con el nivel educativo tan bajo, no ha sido nada difícil para mis hijos.

Bueno, pues me repito, etapa finalizada y ahora tenemos unos meses para prepararnos para la siguiente.

Y que todo cambie para que nada cambie, como dijo un personaje de la película “El Gatopardo“.

Viajando a Valencia

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Estoy en el tren Euromed viajando hacia Valencia.

Resulta que mi padre murió un día antes que mi abuela, este pasado 8 de junio. Y hace unos días un tío mío me informó del deceso.

Así que me dirijo a mi ciudad paternal para arreglar asuntos pertinentes. Ni dea de lo que me encontraré, porque perdí el contacto con mi padre hace 20 años.

Bueno, son cosas que pasan en la vida. Corazón que no se ve, corazón que no se siente.

Por cierto, de mi padre aprendí a ser padre: sencillamente hago justo lo contrario, y a mis hijos, de momento, parece que les gusta como soy.