Ni un solo camino

Era un día perfecto para la aventura

Uno de los pueblos de al lado es Santa Coloma de Cervelló.

Y uno de los pueblos de al lado de ese pueblo de al lado es Sant Vincenç dels Horts.

Y ahí justo es donde esta mañana mis hijos y yo hemos decidido caminar.

Porque todavía no habíamos llegado ahí caminando para descubrirlo.

Nos gusta caminar por el monte y llegar a sitios nuevos.

La idea era atravesar Santa Coloma de Cervelló y llegar a Sant Vincenç dels Horts.

Pero nos ha sido imposible.

Fuéramos por donde fuéramos no había camino, estaban vallados.

El único recorrido era o ir por la carretera general en coche – quizás por la acera, si hay -, o montarnos en el tren de los FGC.

Quizás sí existe algún desvío que no hemos encontrado, pero ni idea.

Así que, mis hijos han estado jugando en un parque, hasta hoy desconocido para nosotros, y hemos decidido volver atravesando la Colonia Güell, barrio turístico de Santa Coloma de Cervelló.

Al fondo, esos horribles edificios en los que vivimos

Y hemos decidido que otro día iremos en tren a descubrir Sant Vicenç dels Horts.

Son dos paradas desde la parada de la Colonia Güell, porque está en la Zona 2.

En fin, ¿quién es el que va por ahí mintiendo diciendo que no se pueden poner puertas al campo?

Día de lluvia de verano

Aparecen las nubes.

Suenan los truenos.

Llueve cinco minutos.

Algo de viento.

Se van las nubes.

Vuelven las nubes.

Suenan los truenos.

Llueve cinco minutos.

Algo de viento.

Se van las nubes.

Volver a la primera línea.

Excelentes notas

Hoy ha sido el día que teníamos que ir a recoger las notas finales de nuestros hijos.

Así que para allá nos hemos ido esta mañana.

Ha sido una experiencia… bueno… aduladora.

De verdad.

Ambas profesoras estaban encantadísimas con nuestros hijos.

No sólo por las notas escolares, llenas de excelentes.

La profesora de mi hijo menor, que el próximo curso irá a cuarto de primaria, nos ha dicho que no es necesario que compremos cuadernillos de repaso.

Que con que nuestro peque siga leyendo libros en castellano y en catalán este verano es más que suficiente.

Una curiosidad es que sabe que soy youtuber porque una vez se le escapó a mi pequeñín.

Pues vale.

Por el otro lado, la profesora de mi hijo mayor estaba como flotando de emoción; sí, sin exagerar, porque mi hijo ha superado de largo por la parte alta la media de toda Cataluña en los exámenes de Competencias Básicas.

Lo ha llamado “genio” varias veces.

Increíble.

Y, por supuesto, nos ha dicho que deje de estudiar este verano y que se divierta lo máximo posible.

Y el curso que viene, irá al instituto, a cursar ESO (Enseñanza Superficial Ofuscante).

Olga y yo nos hemos reconocido en las diferentes anécdotas que las dos profesoras nos han contado sobre nuestros hijos, porque ambos estuvimos siempre entre los mejores estudiantes de las clases a las que fuimos de niños.

Pero, de verdad, y ya lo he dicho varias veces, con la bajada de nivel en la educación, siempre hemos dado por descontado que nuestros hijos no tendrían problemas.

Es más, les es bastante sencillo destacar.

Por supuesto, no hemos dicho nada de esto a sus profesoras, les hemos agradecido su trabajo durante el curso y les hemos deseado un buen verano.

Sí, puede parecer hipócrita, pero no vale la pena sacar ciertos temas en estos casos.

Dejamos que el agua siga fluyendo y que tengan la imagen que quieran construirse.

Se lo dije a mis dos hijos desde el principio, desde que entraron a los tres años: “la escuela es muy fácil, hacedlo lo mejor posible y tendréis una época de escuela cómoda.”

Sin presiones, porque no son necesarias.

Y así está siendo.

El plan funciona porque es un buen plan.

Sencillo.

Sin sorpresas.

Bueno, en el colegio están convencidos de que el sistema educatvo funciona.

Ah, bien, que sigan creyéndoselo.

Nosotros a la nuestra.

A las tres de la mañana

Sobrevivimos.

No sé si viste mi directo de dos horas de ayer.

Lo acabé a la hora de las brujas, las 00:00.

Ahora está oculto y solo lo puedes ver en Crónicas Subterráneas.

Pero la fiesta del barrio continuó hasta eso de las seis, según Olga.

A las tres me desperté y grabé estos tres minutos.

Luego me dormí y me he levantado a las 10:17.

Ahora son las 12:30 del mediodía y esos subhumanos han vuelto a comenzar el ruído que llaman música y los petardos.

Y seguirán hasta bien entrada la madrugada.

¿Dónde está el ataque nuclear norcoreano cuando se necesita?

Mañana de compras

Como casi cada sábado, me toca ir de compras.

Me acompaña uno de mis hijos, porque hemos llegado a un acuerdo de que cada semana me acompañe uno alternativamente; llegó un punto en el  que ir con los dos se convirtió en imposible: “¡Yo llevo el carro!” “¡No, yo¡” “¡Yoooo!“.

Y elijo la cadena de supermercados más grande e impersonal.

La clave está en impersonal, porque como se le ocurriera a algún empleado pteguntarme “¿Puedo ayudarle en algo?“, no volvería jamás de los jamases.

¡Qué genial vivir en una época prácticamente robotizada!

Es perfecta para los asociales como yo.

Nota: Cuando hago vídeos sobre los robots que substituyen a humanos, lo hago para que la gente se prepare para esta nueva realidad sí o sí, nada más.

Porque me gusta la tranquilidad de bucear entre las opciones en las estanterías llenas de productos –  es genial no vivir en una economía bolivarianizada – sin que me vayan observando humanos.

Por supuesto, las cámaras también nos observan, pero no es lo mismo.

Supongo que tiene que ver con ese sentido que tenemos los humanos de levantar la vista mientras caminamos por la calle y darnos cuenta de que alguien nos mira nueve pisos más arriba.

El caso es que este gran supermercado no es la empresa más grande de supermercados por casualidad.

Cuando hace poco más un año o así lo abrieron a 10 bloques de donde vivo, el resto de comercios se pusieron a temblar.

Cada cual se merece su lugar según su inteligencia, estrategia y esfuerzo.

Y siempre llevo apuntado lo que quiero comprar en una app de notas en el móvil.

No es que quiera consumir por consumir.

Compro lo que necesitamos, y algún pequeño capricho fuera de la lista que suele elegir mi hijo – el que venga en cada momento.

Y, últimamente, ya no compro el producto más barato sino el que justo quiero.

Esto tiene que ver con el entrenamiento de mi mente rica: no ahorrar, sino conseguir el dinero necesario para lo que uno quiere.

Y, tras llenar nuestro carro (carrito de la compra porque no tengo vehículo a motor – para los lectores de América), pues damos el paseo de vuelta a casa, esta vez buscando la fresquita sombra porque ya estamos bajo temperaturas veraniegas.

Y si no hay variación, en una semana volvemos al mismo ritual.