Un par de anécdotas comunistas

En la Campaña de las Cien Flores, Mao Zedong invitó a que la gente expresara abiertamente sus opiniones y tuvieran debates libres. Una vez sucedido, fue tras los que habían dicho las cosas equivocadas.

La Coca-Cola Blanca fue una variante no clasificada que Coca-Cola desarrolló para que pareciera vodka para el Comandante Soviético Zhukov, a quien Dwight Eisnhower le introdujo la Coca-Cola durante la Segunda Guerra Mundial pero no quería que se le viera bebiendo un símbolo del Imperialismo Americano durante la Guerra Fría.


¿Qué hace una bandera de la URSS ahí?

Da igual cómo se hagan llamar los colectivistas: comunistas, socialistas, fascistas, nazis, antifas… todo régimen colectivista siempre busca el beneficio de unos pocos a costa del resto.

Y la culpa de que eso suceda siempre es de ese resto que permite a esa minoría creerse por encima de ellos.

Nadie es oprimido ni esclavizado sin su propio consentimiento.
Pensar por uno mismo es la única defensa.

¡Qué gran espectáculo!

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Y con la «muerte» del «cabecilla» de los «ataques» de París, acaba este primer acto de esta aburrida y repetitiva obra, dentro de la serie «Falsas Banderas» o «Cómo manejar a los pardillos carne de cañón a nuestro antojo».

Da igual si los ataques fueron organizados por Qatar con ayuda del MI6, o si fue directamente la CIA, la obra siempre sigue el mismo guión.

Y es que si funciona y sigue de actualidad, ¿para qué cambiarlo?

El caso es que los que son acusados de las masacres siempre mueran en enfrentamientos contra la policía para que haya un final «feliz». Porque, claro, detenerlos para que hayan juicios públicos sería de mal gusto.

En realidad, el resultado final suele tener una de estas dos situaciones:

  1. Matan de verdad a los cabezas de turco para que no hablen, aunque mucho tampoco saben. Al fin y al cabo, eran gente que había que eliminar de todos modos.

  2. Se realiza la apariencia de que mueren pero en realidad cobran su sueldo como actores y se retiran a algún lugar de vacaciones hasta el nuevo espectáculo.

Eso me recuerda a esa otra gran obra que llamaron «Segunda Guerra Mundial». Al actor que realizó uno de los papeles protagonistas, el de Adolf Hitler, quizás el mejor porque era el «malo», un gran papel dramático sin duda, se le permitió un retiro dorado mientras a la población se le contó el camelo de que se había «suicidado» en un búnker. Eso sí, la película «El Hundimiento» es una película muy bien realizada y sigue muy bien la fantasía de la historia oficial.

Así pues, las mentiras se consolidan como verdades en las mentes del gran público, y los planes continúan su curso con la bendición de los espectadores.

Baja el telón de este acto.

¡Un gran aplauso!

¿Qué dirán los libros de historia del futuro?

Para responder este pregunta podemos responder a «¿qué dicen los libros de historia de hoy sobre el pasado?«.

En verdad, dicha respuesta no tiene mucha relevancia, en esta época en la que la gente cree que la historia, al menos aquí en Occidente, es como se cuenta en las películas o en los documentales de National Geographic, pero podemos hacernos una idea sabiendo que la historia que hoy creemos que es historia fue inventada tras la Segunda Guerra Mundial por los vencedores de dicha guerra; al fin y al cabo, nunca ha sido más cierto que ahora aquéllo de «la historia la escriben los vencedores

Y ese invento de la historia ya viene de siglos atrás, porque las bibliotecas están llenas de libros reescritos, modificados y recreados. Luego, los que se autodenominan «cultos» dicen que no se creen lo que encuentran en internet cuando su propia sabiduría se mantiene en una narrativa inventada por los vencedores de tiempos pretéritos. Sin contar con la inmensa cantidad de libros quemados a través de los tiempos para que sus cenizas borraran la historia de los perdedores. Así, de la antigua Grecia, por ejemplo, nos ha llegado la filosofía de los que apoyaban a los aristócratas, vencedores en las guerras contra los demócratas, de cuyos escritores y filósofos no quedó rastro ni de sus nombres.

Y gracias a internet, el presente es más modificable que nunca, bendita tecnología. La censura está al orden del día, y los que describen lo que realmente está pasando hoy en día pueden desaparecer del mapa con tan sólo un click de ratón que borre sus webs. Aunque la mayoría de ellos son ajenos al gran público, pues está oficialmente prohíbido que aparezcan sus nombres en los grandes medios de comunicación, la cultura oficial los ignora y apenas pueden mantenerse económicamente porque sus ingresos son escasos para lograr más repercusión por ellos mismos.

El caso es que en este mundo feliz en el que vivimos, la verdad es una palabra con significado vacío. Existen departamentos llenos de súbditos que están constantemente creando las verdades oficiales que son las únicas verdades aceptadas. La realidad es la verdad transmitida por los grandes medios, y cualquier desvío de dicha verdad es catalogada como una teoría sin sentido. Y no importa si dichas verdades oficiales luego no encajan; parece como si se les hubiera olvidado un departamente de coordinación de la verdad. La soberbia de esta gente es inconmensurable.

Así, lo que llegue a la gente del futuro no será ni tan siquiera esta verdad oficial, pues es una verdad de corta caducidad, que tiene un objetivo a corto plazo. La historia que llegue a la gente del futuro será una nueva historia recreada y reescrita a su imagen y semejanza, transmitida por los medios de masas que estén de moda en dicho futuro. Será como siempre una verdad controlada y filtrada por los poderes que en ese momento sean obedecidos por la masa, de tal manera que no pueda ser dudada, tal como pasa ahora.

Como vemos, no hay que tener bolas de cristal para imaginarnos el futuro, porque el futuro es siempre un reflejo del presente. La propaganda está en su máximo apogeo pues apenas tarda segundos en alcanzar a sus consumidores, que luego necesitan más propaganda para sentirse plenos y realizados. La propaganda les hace irse a dormir tranquilos cada día, como complemento a las pastillas que les recetan las farmacéuticas contra el insomnio. Esta propaganda es tan fuerte que incluso se ha cambiado de nombre y la población la conoce como «información» y «noticias«. Y cuanto más grande es la mentira, y más veces se repite, mejor queda tatuada en las mentes de la población como la verdad aceptada.

Por lo que, si a la población del futuro todavía se le permite saber leer, tengamos claro que no les importará en absoluto las visicitudes de nuestro presente porque seguramente ni sabrán que hubo alguna vez este presente. Y si todavía se conservan estas recopilaciones de papeles que llamamos «libros«, estos serán objetos extraños escritos en lenguas incomprensibles expuestos en extraños museos, como las tablillas sumerias lo son en la actualidad. Y si alguien se entretiene en traducirlos, lo que cuenten será llamado «mitos«; y tendrán razón porque serán los cuentos inventados por el poder para mentir al futuro. Así que, en el fondo, su ignorancia de dichos mitos no será una gran pérdida.

Qué le vamos a hacer, así funciona la historia, y así tenemos que esperar que también funcione en el futuro. Pensar lo contrario es desconocer la… ¿historia?