Nunca he leído un libro de Ortega y Gasset

Mi confesión es en realidad ésta: “He leído muchos menos libros de los que aparento haber leído.

La realidad es que suelo llegar a conclusiones por mi cuenta que, luego, resulta que mentes ilustres del pasado ya habían llegado a ellas.

Las respuestas correctas las tenemos ahí, delante de nuestras narices, escritas y publicadas hace décadas, siglos, incluso milenios. Hubo un tiempo en que sí había algo nuevo bajo el Sol. Ahora, ya no.

Pero esas respuestas están tapadas por lo inmediato, por lo ‘siempre es nuevo’, por una propaganda que aparenta ser eterna pero es efímera.

Esas ideas que parecen ser tan novedosamente revolucionarias son tan viejas como el espíritu humano. Porque, como se dice, caminamos sobre los hombros de gigantes, pero, hemos llegado tan altos gracias a ellos que la altitud nos ha hecho olvidarnos de la base.

Si esos libros correctos hubieran llegado a mis manos en mi juventud, ¡cuánto tiempo me hubiera ahorrado! Sin embargo, nunca es tarde cuando la dicha es gorda. Y, pese a los desvíos, saber que por fin logré hacer un agujero en la capa de porquería ideologizada, ya me vale.

En fin, que dejo aquí esta pequeña reflexión porque, por alguna razón, me llegó la inspiración nocturna para escribirla.

Somos los prescindibles

Somos los prescindibles.

Somos los desechables.

Somos los humanos de usar y tirar.

Somos la gente sin calidad que no merecemos respirar.

Somos a los que es muy fácil engañar porque no sabemos nada.

Somos los cadáveres vivientes.

Somos los agotadores de recursos.

Somos los que ocupamos un espacio que no merecemos.

Somos los que estamos al capricho de los iluminados.

Somos los que molestamos.

Somos los que pensamos lo que no hay que pensar.

Somos los que vamos a donde no hay que ir.

Somos lo que dicen que somos.

Somos los que no tenemos derecho a ser.

¿Puede un peluquero ser capitán de barco? En democracia, sí.

¿Puede un capitán de barco ser peluquero? En democracia, sí.
¿Puede un chef de cocina de 28 años ser presidente del Banco Nación? En Argentina, sí.
¿Puede una cajera de supermercado ser ministro del Reino de España? En España, sí.

Hace unos años escribí un post, creo que en mi blog original de Crónicas Subterráneas, sobre que Belén Esteban, una mujer de la farándula española cuyo mérito era haberse casado con un torero, creo, podría ser Presidente del Gobierno de España si se presentaba y así era elegida. Porque eso es la democracia, un sistema sin restricciones en el que cualquier ciudadano puede presentarse a un cargo público y ser elegido, si tiene la fama y el dinero suficiente. Luego, ese cargo público puede colocar a dedo en otros cargos públicos a familiares, amantes, amiguetes y gente a la que debe favores.

No es ninguna teoría, es la realidad bajo la que estamos viviendo. En este Titanic no se necesita chocar con glaciares para que se hunda el barco, es que el capitán sólo estudió para peluquero.
Con perdón para los peluqueros, que es una profesión tan digna como cualquiera, pero que un barco no se maneja con tijeras.

Para llegar aquí, mejor haberse quedado en la casilla de salida

La nueva bandera de la República Socialista Española

Vaya, esto es increíble.

Estos republicanos me han hecho apreciar lo monárquico.

Estos indepes me han hecho apreciar al españolismo.

Estos europeístas me han hecho apreciar al spexit.

Estos ultracomunistas me han hecho apreciar al capitalismo.

Estos colectivistas me han hecho apreciar al individualismo.

Esta democracia me ha hecho apreciar a la dictadura anterior.

Estos globalistas me han hecho apreciar lo local.

Estos medios de desinformación catalanes me han hecho apreciar a los medios de desinformación de Madrid.

Estas esteladas me han hecho apreciar a la rojigualda.

Estas izquierdas me han hecho apreciar a las derechas.

Estos mossos me han hecho apreciar a la policía nacional y a la guardia civil.

Estos anti-guerra me han hecho apreciar a los ejércitos.

Estos rescatadores de inmigrantes me han hecho apreciar a los autóctonos.

Estos islamistas me han hecho apreciar a los católicos.

Estas feministas me han hecho apreciar la igualdad jurídica.

Me entran ganas de que VOX obtenga la mayoría absolutísima y acabe con todo esto.

Este presente me ha hecho apreciar al pasado.

Para llegar aquí, mejor no haber viajado.