Roward Atkinson: El derecho a ofender

Aquí mi traducción:

La ambición bienintencionada y razonable de contener a los elementos desgradables de la sociedad ha creado una sociedad de una naturaleza extraordinariamente atoritaria y controladora, es lo que se podría llamar la ‘nueva intolerancia.’

Un nuevo, pero intenso deseo de amordazar las voces incómodas atacantes.

No soy intolerante“, dice mucha gente. Dice tanta gente bien hablada, altamente educada, de mente progresistas. “Sólo soy intolerante con la intolerancia.” Y la gente tiende a asentir sabiamente y dice “oh, sí sabias palabras, sabias palabras.”

Y, sin embargo, cuando se empieza a pensar en esta supuestamente indiscutible afirmación durante más de cinco segundos, se comprende que todo por lo que se está abogando es la substitución de una intolerancia por otra. Que para mí no representa ningún tipo de progreso en absoluto.

Los prejuicios soterrados, injusticias o resentimientos no se abordan arrestando a la gente.

Se abordan aireando, discutiendo y tratando los asuntos, preferiblemente fuera del proceso judicial.

Para mí, la mejor manera de incrementar la resistencia de las sociedades al insulto o al discurso ofensivo es permitir mucho más de ello.

Como con las enfermedades infantiles, se pueden resistir mejor los gérmenes a los que se ha estado expuestos.

Necesitamos construir nuestra inmunidad a ofendernos para que podamos tratar con los asuntos pueden provenir de la crítica perfectamente justificada.

Nuestra prioridad debería ser tratar con el mensaje, no con el mensajero.

Como el presidente Obama dijo dirigiéndose a las Naciones Unidas, sólo hace un mes o así, “los esfuerzos loables para restringir el discurso pueden convertirse en una herramienta para silenciar a los críticos u oprimir a las minorías. El arma más fuerte contra el discurso del odio no es la represión, es más discurso.”

Y ésta es la esencia de mi tesis, ¡más discurso!

Si queremos una sociedad robusta, necesitamos un diálogo más robusto, y eso debe de incluir el derecho a insultar o a ofender.

Esto es lo que tengo que hacer

La fórmula del éxito hace años que se conoce, pero siempre me he negado a seguirla.

Porque, entonces, sería tan falso como la mayoría. Mmm… ¿Por qué no serlo si da resultado?

El caso es que he elegido el camino más difícil.

Porque, hagamos esta comparación…

Que 3.800 individuos vean mis vídeos diariamente me proporciona unos 6 dólares USA diarios, 180 dólares al mes.

Pero si me pusiera a pedir dinero en la calle, en un lugar concurrido, y 38 individuos me dieran 1 dólar cada uno diariamente, eso sería 1.140 dólares al mes. Y no tendría el peligro de exponerme ante el mundo.

Esa estúpida manía mía de querer conseguir mis ingresos a través de mi esfuerzo…

Definitivamente, sí, lo admito, soy tonto, qué le vamos a hacer.

Continuaré mi brainstorming, porque algo tiene que petar, esto no puede continuar así.

La pregunta del millón

¿Hasta qué punto es la responsabilidad de uno mismo y en qué grado afectan los hechos de terceros?

Una pregunta eterna.

Algunos la responden con el concepto de destino.

Otros hablan de circunstancias y casualidades.

Supongo que cada cual apela a su experiencia personal.

Yo no voy a afirmar ni negar nada, pero hay ocasiones repetidas en las todo indica que las cosas tendrían que ir genial, pero no.

Como si los esfuerzos acumulados dejan de tener importancia de un día para otro.

Aparece un acontecimiento inesperado y se vuelve otra vez casi a la casilla de salida.

Cuando uno es joven, eso no importa demasiado, porque se tiene el futuro por delante.

Cuando uno ya no es tan joven, se pregunta si quedará alguna oportunidad más, el futuro era precisamente este presente, y se fastidió.

¿Volver a empezar? ¿Ya, para qué? Quizás en la próxima vida.

Bueno, sólo es una reflexión más que dejo aquí anotada, porque se me ha pasado por la cabeza. Supongo que era el momento.

Irrespirable

David contra Goliath; si David ataca abiertamente a Goliath, el 99,99% de las veces David será aplastado.

Y ese 0,01% queda solamente por dejar un margen a la duda.

El estatismo actualmente es Todopoderoso, es un Dios, y oponerse a él abiertamente es un suicidio.

Cámaras en todas partes, electrónica crackeada, todos los ciudadanos registrados, información manipulada, etc, etc.

La situación es irrespirable.

Pero conocer la situación no es derrotismo, es conocer la situación.

La masa está estupidizada hasta tal punto que es imposible ayudarla a salir de esta situación.

Quizás este Reich mundial sí que durará más de 1000 años. 

Todo apunta a que el 99% de la población está feliz de nacer sierva y morir sierva, que disfrutan siendo manipulados y aman obedecer órdenes. 

Quizás la única respuesta para unos pocos es separarse de este 99% y protegerse.

Los hechos hablan por sí mismos y, reitero, enfrentarse abiertamente es que te machaquen.

No se pueden combatir las bombas nucleares con piedras.

Así que, a mi parecer, no queda más remedio que no perder el tiempo intentando derrocar el sistema actual enfrentándose a él.

Pero sí que podemos aprovecharnos de que no somos nadie, de que somos irrelevantes, de que somos hormiguitas que no merecen ni la atención del sistema.

Si conseguimos que el sistema nos desprecie por irrelevantes, si poco a poco vamos apartándonos y nos enfocamos en cada uno de nosotros, un día, quizás, este sistema estatista irrespirable no tenga la suficiente masa para creerse poderoso.

No sé, es una idea.

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Ayer cambié la apariencia de este blog por una que le gusta más a mi hijo mayor.

Además, estoy haciendo todo lo posible por no publicar más en Twitter y Facebook, excepto mensajes automáticos.

Así pues, este blog es mi fuente principal de emisión de ideas; habrá días que publicaré varias veces, otros que ninguna.

Hoy, por fin, he publicado mi primer vídeo de 2018 en YouTube.

Lo único que permanece es el cambio.