La apariencia es lo más importante

Los libros se juzgan por la portada.

Las formas son más importantes que la verdad.

Es más, nadie acepta la verdad si no se vende tan bien como la mentira.

Es más, las mentiras siempre son más convincentes porque están mejor adornadas.

Porque el adorno son las columnas que la mantienen.

Como si no lo supiera.

Siendo un contrario a lo comunmente aceptado, entiendo los límites que yo mismo me he impuesto.

Acepto sus consecuencias.

Es lo que pasa cuando se preferiere el contenido a la portada del libro.

Esa gente

La gente que llena de agua sus piscinas olímpicas privadas quiere que ahorres agua para beber.

La gente que vuela en jets privados y que navega en grandes yates te culpa de que tu automóvil contamina y fabrica las leyes en tu contra.
La gente que no necesita pasaporte o usa credenciales diplomáticas te exige que lleves dni, pasaporte y controla las fronteras.
La gente que sabe que el oro es el único dinero fabrica divisas fiduciarias, papeles sin valor que te dan por tu esfuerzo y trabajo de esclavo.
La gente que tiene inmunidad se inventa las leyes para que las obedezcas obligatoriamente.
La gente que sabe lo que pasa controlan los medios para que nunca sepas lo que pasa.
La gente que se inventa las guerras te obliga a ser carne de cañón y mueras en ellas.
La gente que conoce la auténtica historia se complace en que nunca la sepas.
Y sabiendo todo esto…

No aceptaré la decisión de la mayoría, ni de la minoría; sólo voy a aceptar lo que es de mi agrado y me beneficia.
Ya está bien de tanto disparate.

Es una pena

“Soy libre, no importa qué reglas me rodean. Si me parecen tolerables, las tolero. Si me parecen desagradables, las rompo.

Soy libre porque solamente yo soy moralmente responsable de todo lo que hago.”

Es una pena que millones de personas pasen por este mundo y nunca decidan ser libres.

Barcelona atontada

Estúpida campaña en el metro de Barcelona

Recuerdo hace diez años, cuando todavía vivía en Barcelona, ver a un funcionario abriendo bolsas de basura fuera de los contenedores para averiguar qué vecino las había colocado fuera de su sitio.

Además, colocaba pegatinas en las bolsas para mostrar el acto de incivismo.

Bueno, hoy en día, en Sant Boi, también colocan pegatinas si encuentran muebles fuera del horario de recogida.

Y amenazan con multas, claro.

Gilipolleces del PSC de hace diez años en Barcelona, gilipolleces del PSC de Sant Boi hoy.

Es una pena que Barcelona sea una ciudad en la que el lavado de cerebro es casi total en gran parte de su población. 

Incluso es demasiado fácil para los manipuladores.
Está claro que la inteligencia está ausente en una ciudad donde su población se manifiesta a favor de la llegada de refugiados.
Porque sabemos que no son refugiados, son otra cosa; pero la población de Barcelona sólo quiere saber lo que sus líderes les cuentan.

Está claro que la inteligencia está ausente en una ciudad que defiende a okupas y a topmantas, y criminaliza a los propietarios y comercios.
Cada día el ayuntamiento está destruyendo el valor de Barcelona.

Pero ese siempre ha sido su plan bolivariano.

Está clara la falta de inteligencia en una ciudad en la que su población se presenta voluntaria para cualquier gilipollez, colectiva como los Juegos Olímpicos de 1992.
Unos años antes, cuando comenzó la estupidez del voluntariado, yo tenía 16 o 17 años, me negué a presentarme porque pensé que no iba a trabajar gratis para los que se iban a llenar sus bolsillos de millones de pesetas.

Creo que fui de los muy pocos de mi clase en el instituto de bachillerato.

Barcelona es una ciudad en la que manipular a la población es tan fácil que incluso lo pueden hacer los zombis de Podemos.
Por ejemplo, esa campaña del “karma, todo vuelve” en el metro de Barcelona es de un nivel intelectual tan bajo que da vergüenza ajena.
Barcelona, Barcelona, la ciudad en la que me tocó nacer, me temo que ya no te queda remedio.

Su población ha sido atontada por completo.