Vida gatuna

Comer.

Dormir.

Comer.

Curiosear en el balcón.

Comer.

Dormir en la cama grande..

Comer.

Dormir.

Comer.

Cagar olorosamente.

Curiosear dentro de un armario.

Dormir en la litera.

Comer.

Dormir.

Rascar el sofá.

Dormir en la silla.

Comer.

Rebuscar el bote de las olivas en la basura.

Dormir.

Comer.

Dormir en el punto más fresco del piso.

Comerrrrr.

Maullar en medio de la madrugada.

Dormir.

Esconderse en donde nadie le encuentre.

Comer.

Dormir mucho mucho.

Comer.

Saltar como un caballo por el comedor.

Dormirrrrr.

En fin, qué voy a saber yo, solamente soy su humano.

A las tres de la mañana

Sobrevivimos.

No sé si viste mi directo de dos horas de ayer.

Lo acabé a la hora de las brujas, las 00:00.

Ahora está oculto y solo lo puedes ver en Crónicas Subterráneas.

Pero la fiesta del barrio continuó hasta eso de las seis, según Olga.

A las tres me desperté y grabé estos tres minutos.

Luego me dormí y me he levantado a las 10:17.

Ahora son las 12:30 del mediodía y esos subhumanos han vuelto a comenzar el ruído que llaman música y los petardos.

Y seguirán hasta bien entrada la madrugada.

¿Dónde está el ataque nuclear norcoreano cuando se necesita?

Tejados de L’H

Otro día más en L’H.

En la imagen, tejados vistos desde la terraza del piso en el que crecí.

Al fondo, a la derecha, se puede ver Montjuïc y la zona del Estadi Olímpic, el de las olimpiadas de 1992.

Quizás mucha gente no lo sepa, pero L’H – L’Hospitalet de Llobregat – es la segunda ciudad en población de toda Cataluña,tras Barcelona.

Y justo en la dirección de la imagen, está Barcelona, porque L’H tiene frontera directa con Barcelona.

Crecí entre el barrio de La Florida y el de Collblanch (con ‘h’ muda, que hace años desapareció de la nomenclatura oficial), excepto un año y medio que vivimos en el barrio de Bellvitge, allá en los salvajes inicios de la década de los ochenta del siglo pasado.

Ciertamente todo ha cambiado mucho desde que Olga y yo decidimos irnos a vivir juntos en el 2004.

Muchos lugares de mi niñez ya no existen.

Incluso el colegio al que fui le readaptaron la fachada y no se parece en nada a cuando yo estudiaba allí.

En aquella época, los rostros eran de andaluces y extremeños.

Hoy en día, los rostros son de dominicanos, pakistanís, marroquís y chinos.

No digo nada al respecto, es el signo de los tiempos.

Sólo que, si mi madre no viviera aún allí, pues no habría nada que me hiciera volver.

Ni la nostalgia.

Porque yo crecí de casa al colegio y del colegio a casa, así que camino por el lugar como un desconocido más.

Pero está bien, todas las vidas tienen sus circunstancias.

Y, la verdad, no puedo quejarme de las mías.

Más ahora, cuando ya he cumplido una gran parte de mis deseos de juventud.

Ahora vamos para bingo.

Otro día de patatas fritas

No puedo negar que me encanta que a mis hijos les encanten.

Lo cierto es no sé cocinar gran cosa.

Y no aprendí a cocinar hasta nuestra crisis familiar de finales de 2014, cuando Olga se pasó unos meses ingresada en el hospital y luego en recuperación.

Así que Olga me explicaba las recetas y yo, sin ninguna experiencia previa en mis 41 años de entonces, aprendí a cocinar.

Era eso, o mis hijos y yo íbamos a pasar hambre.

No hay mejor aprendizaje que el que proviene de la necesidad.

Y resultó que a todos les gustaron mis patatas fritas.

No es que sean muy difíciles: cortar patatas, ponerlas a freir en aceite de oliva y un poco de sal.

Así que, como mínimo una vez al mes me pongo manos a la obra, como hoy.

Y, como dije al principio, me encanta que les encanten.

De estas pequeñas cosas es de las que está lleno nuestro baúl de los recuerdos gratos.

Mi canal de Youtube da signos de recuperación

Tras haber caminado por el infierno entre marzo y abril, parece que mi canal de Youtube comienza a recuperarse.

Porque una cosa es caer porque uno está haciendo las cosas mal y otra que te derriben por capricho.

Bueno, mirándolo bien, técnicamente mi canal nunca cayó de manera estricta, sencillamente, su subida se paró casi de golpe.

Nunca paró de aumentar sus subscriptores, excepto en un par de días, y ningún vídeo fue eliminado por Youtube, pese a los más de doscientos desmonetizados.

Claro, bajaron las visualizaciones y los ingresos, pero resistí y seguí adelante.

Y ahora parece que la cosa va recuperándose.

Como siempre, lo importante es adaptarse a las circunstancias y no morirse en los laureles.

Sí, por supuesto, ha sido una muy mala época, y puedo considerar que el 2017 es un año perdido.

Pero, como se dice, lo que no te mata te engorda.

Y mi objetivo es llegar al máximo número de personas que me sea posible.

Como en todo, en última instancia sólo depende de mí y mi conocimiento para realizarlo.