Día gris

Día gris, literalmente, todo encapotado con nubes que parecen que quieren llover, pero no quieren.

Nada relevante que contar, un día menos.

Bueno, el primer día de un nuevo mes según el calendario oficial occidental.

Ahora mismo está ya anocheciendo.

Pero es posible que mañana hayan asuntos cambiantes, no quiero adelantar nada.

No sabía qué escribir pero…

Pues no se me ocurría nada que escribir para hoy, pero dejo aquí una parte de una respuesta a un correo que he recibido…

Me gustan las palomitas transgénicas junto a los refrescos de cola con mucha azúcar cuando voy al cine a ver una peli absurda y repetitiva de Hollywood. Y mira tú por donde que no me hacen el efecto de programación deseados, qué cosas. Supongo que habemos algunos con poderes especiales que repelen sus efectos 😀

En fin, que voy de sobrado y es por algo.

Lo que permito ver de mí no es ni la punta del iceberg, y es así como tiene que ser.

El 99,99% de los que intentan educarme o abrirme los ojos suelen encontrarse con respuestas como éstas o peores.

Que cada cual se preocupe por sí mismo, por favor, gracias.

Es imposible

Hace más de veinte años escribí un poema contra esa cosa nueva llamada internet.

Creo que está en uno de mis libros de poemas.

Y, además, estaba orgulloso de no tener móvil.

Pero ahora, me es imposible desconectarme al cien por cien.

Haga lo que haga, dependo de una conexión a internet.

Aunque sea solamente para añadir un post cada día a este blog.

Pese a todo, he conseguido ya en casi una semana no mirar mi feed de noticias.

¿Ha explotado ya el mundo?

Ni idea, pero si sigo respirando, supongo que no.

También, como mínimo ya no miro cada día ni mi correo personal ni el correo del oro.

Sé que responder un correo o un mensaje en más de veinticuatro horas se considera poco educado.

Pues que me consideren grosero!!!

Me da igual.

Son pequeñas cosas para alejar mi mente de mis ocupaciones habituales.

¿Por qué lo hago?

Tanta conexión nos ha llevado a un punto en el que se ha exagerado la importancia de todo.

Hemos convertido pequeñas anécdotas en enormes categorías.

Nos enemistamos o nos gustamos a causa de pequeños impulsos de bits.

Es increíble.

Oh sí, qué grandes aquellos tiempos en los que escribí con bolígrafo sobre papel aquel poema contra internet, en los que ni usaba el teléfono fijo.

Qué tranquilidad entonces.

Ahora es imposible, es el sino de estos tiempos.

Aunque por mi parte caí de pleno, por decidir ganar mis lentejas sólo a través de la red.

Mmm… tengo todavía pendiente enviar mis correos de agradecimiento a las personas que últimamente me han enviado aportaciones de paypal.

No es que los haya ignorado, nada de eso.

Un día de estos.

Menos mal que mi portátil me está ayudando, porque hace ya dos días que no le da la gana encenderse.

Es a causa de la calor

No es cosa de ahora.

Me ocurre cada vez que la temperatura supera los treinta.

Mi mente se pone en pausa automáticamente.

Dejo de tener ganas de nada.

Pero parece que con la edad se me amplía el dejar de tener ganas de nada.

Tampoco mi cuerpo funciona como era joven.

Ya soy un cuarentón.

Me queda menos tiempo del que ya viví, estadísticamente.

Aunque es un aspecto de mi cuerpo hipotérmico.

Mi cuerpo no está diseñado para el verano.

Así de sencillo.

Quizás, cuando reúna el dinero suficiente iré saltando de lugar en lugar que no supere los veinticinco grados.

La primavera y el otoño son mis temporadas ideales.

Es una cuestión física.

No soy yo, es a causa de la calor.

Pero es una excusa como otra cualquiera, claro.

Es mi excusa de temporada.

Si sigo atrapado en este lugar, a partir de septiembre deberé arreglar los estropicios que estoy haciendo ahora a causa de la calor.

Paciencia.

Otra vez el portátil no se enciende

Ayer por la tarde se me apagó el portátil.

Fue culpa mía.

No me di cuenta del aviso de conectarlo a la corriente para recargar la batería.

Y lo enchufé demasiado tarde.

Ya llevaba encendido unas cuantas semanas desde que logré ponerlo en marcha la vez anterior – ver post anterior sobre dicho tema.

Esta vez todavía no he logrado encenderlo.

Olga me dice que me vaya a comprar otro.

Sí, es verdad, puedo ir y comprar otro portátil y pagarlo a tocateja, en efectivo.

Pero no quiero.

Porque no estaba dentro de mis planes comprar un portátil ahora.

No es cuestión de divisas fiduciarias, sino de ganas.

En realidad, aunque usar un portátil es muy cómodo, tengo todo configurado para trabajar con mi antiguo pc y mi miniportátil sin problemas.

Lo cierto, que lo único que pierdo es comodidad.

Ese portátil no es imprescindible, y mi habilidad como informático me permite que un hecho como éste no sea un obstáculo.

En cualquier momento puedo sacar el disco duro del portátil y rescatar sus datos.

En eso no hay problema.

Sólo que, antes, hace unos diez años disfrutaba configurando aparatejos informáticos.

Ahora, pues ya no tengo tantas ganas.

Iré encendiendo y apagando el dichoso portátil hasta que decida encenderse otra vez.

Soy cabezón.

Nota: ¡Victoria! He logrado encenderlo a las 20:24 CET 😀