Ningún lugar al que huir

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Pensar por uno mismo es como caminar por la cuerda floja, un mal paso a cualquiera de los lados y caes al vacío sin red.

De vez en cuando considero lugares a los que poder huir si la cosa se pusiera fea. Y en este momento no es un asunto en balde, sabiendo el historial delictivo de la eterna España.

Pero no veo que pudiera sentirme cómodo en ningún lugar de este mundo. Todos los países actuales son meras dictaduras camufladas cuyo único objetivo es proteger a la élite mafiosa gobernante.

Todos los estados son xenófobos y excluyentes.

¿Ves? Acabo de volver a enemistarme con los doscientos y pico estados actuales de este mundo.

Hay veces que me pregunto cómo he logrado sobrevivir hasta ahora…

Por suerte, hasta ahora he pasado más o menos desapercibido. Mis libros, mis blogs y mis vídeos los ven relativamente poca gente, y es muy fácil desacreditarme para el poder. Buf, menos mal.

En este mundo con fronteras, con leyes absurdas que vanaglorian al más asesino no veo ningún hueco para mí, la verdad. No obstante aquí sigo.

El caso es que no tengo más remedio que declarar que mi país independiente es el suelo por donde pisan mis pies. Porque, repito, no veo ningún lugar al que huir y la inercia seguro que me mantendrá aquí, aquí donde he estado siempre.

Es mi sentencia de vida.