Esto es lo más importante

El mejor producto nunca derrota al producto más conocido

Grant Cardone tiene toda la razón. Al fin y al cabo es multimillonario y tiene su propio jet privado. Así que, nadie mejor para realizar tal afirmación, él lo sabe.

Hoy mi hermano me ha alegrado el día. Tras leerse “Ventana al futuro“, me ha dicho: “es el segundo mejor libro que he leído en mi vida tras Frankenstein“. Guau, me ha dejado en la gloria, porque ha leído muchos libros y suele ser muy crítico con todo.

Sí, sin duda me ha salido un libro excepcional y estoy muy feliz por ello.

Sin embargo, de nada me sirve haber escrito un gran libro sino logro que lo lea el mayor número de lectores posible. Éste es mi desafío para los próximos meses. Tengo que enfocarme en vender. Porque sería una gran pena que “Ventana al futuro” no tuviera la difusión que se merece.

Con ese objetivo he activado esta mañana el dominio http://ventanaalfuturolibro.com , que dirige directamente a su página en Amazon. Y, además, estoy construyendo su propia web en https://ventanaalfuturolibro.wordpress.com , que tendré lista en unos días.


La realidad en este mundo es la que es. Amo crear, pero crear por crear no llena el plato de comida. El hecho es que un 20% es crear y un 80% es vender. Todo creador tendría que tenerlo presente si quiere dedicarse por entero a crear.

Por cierto, una idea…

¿Quieres ganar dinero extra recomendando “Ventana al futuro”?

Es bastante sencillo:

  1. Regístrate como afiliado en Amazon, EE.UU., México, España.

  2. Usa tu enlace de afiliación para dirigir a la página de “Ventana al futuro“.

  3. Cobra comisiones por cada libro que compren a través de tu enlace.

Bueno, es una idea en la que me ayudas a que “Ventana al futuro” llegue a más gente y tú ganas un dinero extra. Así ganamos todos.

Ya digo, vivimos en un mundo de abundancia y hay riqueza para todo el que se proponga obtenerla. Sólo hay que aprovechar las oportunidades que se presentan o crearlas.

Yo he creado la oportunidad de “Ventana al futuro“, un libro que contiene una información que abre una ventana a ver el mundo con otros ojos. Aprovéchala.

El engaño eterno

Estos días he estado entreteniéndome viendo cadenas de noticias argentinas en directo a través de YouTube.

He escuchado discursos de políticos y de expertos economistas.

Sí, todo muy entretenido, más que nada porque están siendo discursos preparados de ficción.

Puro colectivismo y patria y blablablá.

Entre unos y otros han conseguido devaluar el peso argentino en más del 100% en un año. ¡Felicidades!

La narrativa oficial es la misma siempre en todas partes, no importa cómo se llame el país.

Ya cansa repetirlo una y otra vez.

¿Y la salida para cualquier habitante de ese lugar?

Sencillo: hacer lo contrario de lo que diga el gobierno de turno y ocuparse de uno mismo.

Prosperar mientras las ovejitas obedientes se hunden en su propia porquería.

No mirar atrás. No mirar a los lados. No tener compasión por la miseria.

Porque no queda otra.

No seguir a ningún líder más que a uno mismo. No pensar en colectivo, pensar en individual.

Hacer lo que los demás no quieren hacer. Dar los pasos que los demás no quieren dar.

No esperar, actuar.

El engaño es eterno y recurrente. Sigue atrapando a muchos que se dejan llevar por la corriente.

Sin embargo, es sólo un castillo de naipes. No tiene fuerza si no se le permite entrar en nuestra mente. Es como un vampiro que no puede entrar en tu casa si no le invitas expresamente.

En realidad, cuando todo se destruye, ¿sabes quiénes ganan? Los que construyen.

Quien ve siempre el vaso medio lleno está frotándose las manos de las oportunidades que se están abriendo en los lugares que están cayendo, como Argentina.

Por eso se inventó la frase de “en río revuelto, ganancia de pescadores.

Sé un pescador.

Hoy, hace tres años

En un 12 de febrero como hoy, pero de 2014, tomé una de las decisiones más transcendentales de mi vida: abrí mi cuenta gratuita en KARATBARS.

Decidí lanzarme y darme una oportunidad a mí mismo, aunque, en ese momento, no todo estaba claro.

Sin embargo, como suele pasar, mi intuición fue correcta, y aprendí lo que necesitaba saber con la experiencia.

Me di un plazo de tres a cinco años para desarrollar mi red, y ese plazo se está cumpliendo, porque así lo decidí, pese a los obstáculos impredecibles que siempre van surgiendo.

En este tiempo muchos se rindieron porque las dudas y el miedo corroen al espíritu humano, y una gran parte de la gente no se da cuenta de su propio poder.

Y lo más curioso es que tener éxito en una red de negocios no es cuestión de aptitud, sino de actitud.

Así que, aquí estoy, tres años después, consiguiendo lo que algunos decían que era imposible.

Y ME SIENTO GENIAL 😀