Cuando te podías reír de las gordas | Se llamaba humor

Hubo un tiempo, -en realidad, el resto del tiempo pasado de la Humanidad excepto el presente,- en el que…

Te podías reír de los gordos y de los flacos.

Te podías reír de los altos y de los bajos.

Te podías reír de los hombres, de las mujeres y de los niños.

Te podías reír de los enfermos y de los sanos.

Te podías reír de los rubios y de los morenos.

Te podías reír de los individuos de cualquier nacionalidad y pueblo.

Te podías reír de los vivos y de los muertos.

Te podías reír del cura y del gobernante.

Te podías reír de los de izquierda y de los de derecha.

Te podías reír del científico y del literato.

Te podías reír de cualquier cosa que te diera risa.

Porque se llamaba humor y no pasaba na de na.

Bueno, sí. Pasaba que te destornillabas de risa y te alejabas por un rato de las penas.

Oh, qué tiempos aquéllos y qué lejanos que parecen.

La Ramona es pechugona… 😂

Tejados de L’H

Otro día más en L’H.

En la imagen, tejados vistos desde la terraza del piso en el que crecí.

Al fondo, a la derecha, se puede ver Montjuïc y la zona del Estadi Olímpic, el de las olimpiadas de 1992.

Quizás mucha gente no lo sepa, pero L’H – L’Hospitalet de Llobregat – es la segunda ciudad en población de toda Cataluña,tras Barcelona.

Y justo en la dirección de la imagen, está Barcelona, porque L’H tiene frontera directa con Barcelona.

Crecí entre el barrio de La Florida y el de Collblanch (con ‘h’ muda, que hace años desapareció de la nomenclatura oficial), excepto un año y medio que vivimos en el barrio de Bellvitge, allá en los salvajes inicios de la década de los ochenta del siglo pasado.

Ciertamente todo ha cambiado mucho desde que Olga y yo decidimos irnos a vivir juntos en el 2004.

Muchos lugares de mi niñez ya no existen.

Incluso el colegio al que fui le readaptaron la fachada y no se parece en nada a cuando yo estudiaba allí.

En aquella época, los rostros eran de andaluces y extremeños.

Hoy en día, los rostros son de dominicanos, pakistanís, marroquís y chinos.

No digo nada al respecto, es el signo de los tiempos.

Sólo que, si mi madre no viviera aún allí, pues no habría nada que me hiciera volver.

Ni la nostalgia.

Porque yo crecí de casa al colegio y del colegio a casa, así que camino por el lugar como un desconocido más.

Pero está bien, todas las vidas tienen sus circunstancias.

Y, la verdad, no puedo quejarme de las mías.

Más ahora, cuando ya he cumplido una gran parte de mis deseos de juventud.

Ahora vamos para bingo.

Volviendo a 2005

He vuelto a desconectar este blog de las redes sociales.

Voy a volver a bloguear como si fuera 2005, cuando no tenía ni idea de que existía el término “redes sociales”, e internet era un lugar abierto a las ideas.

Aquella época en la que los blogs eran lo más, y la gente se molestaba en comentar directamente en ellos.

Una época en la que si te gustaba un blog, lo seguías apuntándote para recibir sus posts por correo electrónico.

Una época en la que la gente recomendaba lo que le gustaba boca a boca.

Me parece increíble que hayamos llegado a este despropósito de momento tecnológico, en el que este medio de libertad de expresión y comunicación que es internet se ha convertido en una trampa.

Esta vez tengo que hacer también un esfuerzo por mi parte. Tengo que evitar el error de fijarme en el número de visitas, y tengo que enfocarme sólo en crear contenido que valga la pena leer, contenido que atraiga cuando sea encontrado por un lector, no un buscador.

Aunque, de momento, permitiré que los buscadores indexen este blog.

Pero no descarto volver a desconectar también este blog de los buscadores.

No voy a ser tan radical como Richard Stallman, pero no hay que olvidar que los buscadores también se han convertido en unos tiranos. Tanta obsesión por el SEO y otros delirios parecidos por aparecer en la primera página de un buscador… por favor.

Lo más sencillo acaba siempre siendo lo mejor.