Obsoletos

Tenía unos dieciocho años cuando un amigo del instituto de secundaria al que fui en L’H, Instituto Vilumara, y yo nos preguntábamos cómo seríamos nosotros y la música cuando fuéramos cuarentones.

Mientras hacíamos bromas sobre los cuarentones de entonces que sólo escuchaban discos de vinilo de los 60’s y 70’s del siglo pasado.

Nosotros escuchábamos la música en esos cd’s de música de tecnología punta digital.

Era 1991, el año en el que murió Freddy Mercury, nombre ficticio de un natal de Zanzíbar de origen indio.

Ese amigo y yo apenas nos vemos ya, y cuando nos encontramos apenas coincidimos en nada.

Son cosas de la vida, ambos tenemos cuarentaycuatro años, pero yo estoy casado con dos hijos y él todavía vive en casa de sus padres.

Bueno, sin dar más vueltas, pues resulta que por fin recuperé mis discos de cd musicales que tenía guardados todavía en casa de mi madre.

Y resulta que fui a escucharlos en la  ps4 de mis hijos.

Y… resulta que la ps4 no los reconocía.

Qué raro me dije, porque comprobé que los cd’s no estuvieran rayados ni nada.

Los cd’s estaban perfectos.

Así pues, enchufé una ps2, que me compré el año pasado de segunda mano por 25€, y puse uno de mis cd’s y… funcionaba de maravilla.

Entonces, ¿qué pasa con la ps4, tan moderna que es?

Pues eso, que es moderna.

Busqué en la red qué aplicación de la ps4 reproduce los cd’s de música y me encontré que no había.

Me encontré en los foros a jovencitos millenials mofándose de los que buscaban cómo reproducir sus cd’s de música, porque eso de los cd’s de música es algo…

Obsoleto.

Que sí, que los cd’s de música están pasados de moda y que hay que ripearlos para poder escucharlos desde el disco duro o desde una memoria usb.

Bien, pues he aquí la respuesta que buscábamos mi amigo y yo hace ventiséis años: los cuarentones estamos obsoletos.

Lo estaban entonces, lo estamos ahora y lo estarán mañana.

Así funciona esta sociedad del consumo rápido de lo siempre nuevo.

La experiencia es un demérito.

Pues tengo pensado, un día de estos, comprarme un toca-vinilos, como digo yo, y me pondré a escuchar los discos que tengo que escuchaban aquellos cuarentones obsoletos de mi juventud.

Discos de vinilo que compré súper-baratos a principio de los ’90 cuando los cd’s se les impusieron y nadie los quería.

Una tecnología súper-obsoleta que ha vuelto.

Qué cosas.

El Mundo de Fantasía se está cayendo a pedazos

¿Lo estás viendo?

¿Escuchas el ruído de las piezas rotas al chocar estrepitósamente contra el fondo del precipicio?

¿O sigues sordo y ciego? Y mudo.

Cuanto más nos esforzamos en construir burbujas artificiales, más fuerte es el golpe de la realidad natural.

Y este Mundo de Fantasía, de las mentiras que nos contamos para dormir tranquilos, se está rompiendo a pedazos.

Porque la Naturaleza es sabia, y el ser humano es… bueno, es el ser humano.

Y cuanto más nos esforzamos en ocultar la dureza de la realidad, más dura se vuelve contra nosotros.

Suele suceder cada vez que nos creemos más listos.

Las medidas sociales buenistas suelen tener como resultado el mantenimiento de la pobreza. Porque si no, ong’s y partidos políticos perderían su clientela.

Claro, no es popular decirlo, pero la Renta Básica Universal traerá más problemas que beneficios.

La verdad nunca ha sido más impopular que ahora.

La única solución es que haya injusticia para todos, no sólo para la mayoría. Que las oportunidades sean desiguales para todos.

Que cada cual sea rico o pobre según su elección, esfuerzo e inteligencia. Que no hayan obstáculos artificiales para que cada cual elija.

Las “políticas de igualdad” provocan desigualdades que antes no existían. ¿Es ése su verdadero objetivo? Por supuesto.

Socialismo, comunismo, estatismo y demás colectivismos son perjudiciales para la salud de la Humanidad.

Pagar impuestos es defraudar. El único dinero negro es el que se mete el estado en sus bolsillos, que usa para oprimir a sus súbditos.

La “seguridad social” es el sistema mediante el cual las farmacéuticas consiguen clientes cautivos para siempre. ¡Qué genial negocio!

El “bien común” es el bien de los tontos, de aquéllos que son incapaces de encontrar su propio camino.

Este Mundo de Fantasía se está cayendo a pedazos, pero el ruído estrepitoso de su rotura sigue ajeno a los que no quieren oirlo.

Da igual, a la realidad no le importa si se cree o no en ella, porque es inevitable.

Luchar contra la Naturaleza es la peor idea que mente humana tuvo.

Ahora nos toca sufrir las consecuencias por nuestro estúpido atrevimiento.

Y no hay refugios.