El crímen sí paga

George H. W. Bush, miembro de Skull and Bones, de Yale

La ha palmado George H. W. Bush a los 94 años.

David Rockefeller la palmó a los 101, tras siete, cuéntalos, siete, transplantes de corazón.

No es una opinión, es un hecho: el crímen sí paga. Y fabulosamente bien.

Y no me refiero a los chorizos patéticos que se esfuerzan por cuatro lentejas. Me refiero a esta gentuza que causa la muerte de centenares de miles de individuos en su provecho.

Los llaman sionistas, los llaman satanistas. Pues bien, las evidencias son las evidencias: les funciona.

Y, además, lo de este George H. W. Bush ya le venía de familia, su padre, Prescott Bush, fue pillado enviando dinero a los nazis desde su banca privada en ¡plena Segunda Guerra Mundial! Vamos, qué lindeza.

Así que el hijo no se quedó atrás, participó en la conspiración que mató a JFK, fue jefe de la CIA, luego vicepresidente de los EEUU, luego presidente y, para más honra, colocó al inútil de su hijo, otro George, también como presidente. Fantástico.

Por supuesto, su muerte será alabada con honores, como un héroe que fue de la sociedad humana.

Dejémonos de tonterías, los hechos son los hechos. Este mundo, y esta sociedad humana, tienen lo que se merecen.

¿Sociedad humana? ¡Puaj!

Viajando a Valencia

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Estoy en el tren Euromed viajando hacia Valencia.

Resulta que mi padre murió un día antes que mi abuela, este pasado 8 de junio. Y hace unos días un tío mío me informó del deceso.

Así que me dirijo a mi ciudad paternal para arreglar asuntos pertinentes. Ni dea de lo que me encontraré, porque perdí el contacto con mi padre hace 20 años.

Bueno, son cosas que pasan en la vida. Corazón que no se ve, corazón que no se siente.

Por cierto, de mi padre aprendí a ser padre: sencillamente hago justo lo contrario, y a mis hijos, de momento, parece que les gusta como soy.