Imágenes de contrapropaganda

Verdades no placenteras, mentiras acomodantes

Veamos por un momento estas imágenes, supuestamente hechas en Siria…

Al Qaeda/Cascos Blancos rescatan a la misma niña tres veces en tres meses. Qué suerte tiene la niña, ¿verdad?

Este niño que “duerme entre las tumbas de sus padres” parece muy feliz de que lo fotografíen.

Este hombre que es rescatado bajo los escombros luego se hace un selfie con sus rescatadores. Como agradecimiento, claro.

Este niño, primero sonríe haciéndose una foto delante de las gallinas muertas que proporcionan la sangre para su actuación posterior de víctima de una matanza.

Esta niña que camina desconsolada entre los muertos es…

… una actriz en un videoclip.

Este niño está siendo preparado para aparecer en las imágenes del último ataque químico en Siria, en el que se acusó al gobierno.

Este niño que intenta rescatar a su hermana y luego yace muerto, es un actor en una historia de un equipo escandinavo, que lo filmó para demostrar lo fácil que es engañar a los medios…

En fin, que parece que los medios occidentales siempre nos dan gato por liebre respecto a Oriente Medio, y los medios orientales nos muestran la verdad.

Pues voy a ir más allá y voy a ser retorcido.

En realidad, la cosa funciona así: hay lugares que son estudios de grabación al aire libre. En ellos se filman las horrendas imágenes que se venderán a los medios de todas partes. En occidente se muestran en los informativos como si los muertos, sobre todo niños, fueran reales. Y en oriente se muestran en los informativos como las imágenes falsas que son. Eso crea una justificación en cada bando en donde su población se coloca apoyando a su gobierno respectivo, defendiendo su verdad. Sin embargo, en realidad, ambos bandos están siendo manipulados en pro del objetivo común de sus señores feudales.

Y les funciona, les funciona muy bien.

La apariencia es lo más importante

Los libros se juzgan por la portada.

Las formas son más importantes que la verdad.

Es más, nadie acepta la verdad si no se vende tan bien como la mentira.

Es más, las mentiras siempre son más convincentes porque están mejor adornadas.

Porque el adorno son las columnas que la mantienen.

Como si no lo supiera.

Siendo un contrario a lo comunmente aceptado, entiendo los límites que yo mismo me he impuesto.

Acepto sus consecuencias.

Es lo que pasa cuando se preferiere el contenido a la portada del libro.

¡Qué gran espectáculo!

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Y con la “muerte” del “cabecilla” de los “ataques” de París, acaba este primer acto de esta aburrida y repetitiva obra, dentro de la serie “Falsas Banderas” o “Cómo manejar a los pardillos carne de cañón a nuestro antojo”.

Da igual si los ataques fueron organizados por Qatar con ayuda del MI6, o si fue directamente la CIA, la obra siempre sigue el mismo guión.

Y es que si funciona y sigue de actualidad, ¿para qué cambiarlo?

El caso es que los que son acusados de las masacres siempre mueran en enfrentamientos contra la policía para que haya un final “feliz”. Porque, claro, detenerlos para que hayan juicios públicos sería de mal gusto.

En realidad, el resultado final suele tener una de estas dos situaciones:

  1. Matan de verdad a los cabezas de turco para que no hablen, aunque mucho tampoco saben. Al fin y al cabo, eran gente que había que eliminar de todos modos.

  2. Se realiza la apariencia de que mueren pero en realidad cobran su sueldo como actores y se retiran a algún lugar de vacaciones hasta el nuevo espectáculo.

Eso me recuerda a esa otra gran obra que llamaron “Segunda Guerra Mundial”. Al actor que realizó uno de los papeles protagonistas, el de Adolf Hitler, quizás el mejor porque era el “malo”, un gran papel dramático sin duda, se le permitió un retiro dorado mientras a la población se le contó el camelo de que se había “suicidado” en un búnker. Eso sí, la película “El Hundimiento” es una película muy bien realizada y sigue muy bien la fantasía de la historia oficial.

Así pues, las mentiras se consolidan como verdades en las mentes del gran público, y los planes continúan su curso con la bendición de los espectadores.

Baja el telón de este acto.

¡Un gran aplauso!