Estas cosas no hay que decirlas porque quedan mal

Gracias al ‘agujero en la mátrix’ que me ha permitido fabricar divisas fiduciarias de la nada como si fuera un banco central, este último año he pasado de la clase subterránea a la clase baja y he logrado superar esta crisis inducida del virus chino de fábula, sin casi ni tener que esforzarme. Sin duda, ha sido uno de los mejores años de mi vida.

Por supuesto, pronto se me acabará el chollo, porque no puede ser de otra manera, y caeré de nuevo a la clase subterránea y volverán mis problemas habituales, incluso peores y definitivos, pero como se dice, que me quiten lo bailao.

He logrado ser un vago y un hikikomori financiándome a mí mismo, con mis propias reservas basadas en la especulación, sin parasitar a nadie ni depender de papá estado. Porque sí se puede.

Ha sido como un experimento que ha salido bien. ¿Cómo lo he hecho? Todavía no es el momento de entrar en detalles.

Sólo quería dejarlo escrito para constatar este hecho y vanagloriarme. Los que me odian, que sufran.

147171741

Casualidad, claro.

Pues estaba escribiendo una lista de la compra y… me fijé en la fecha de edición.

Día 14/7/17 a las 17:41.

Qué cosas.

Normalmente me encuentro con horas como…

08:08

09:09

3:33

17:17

22:22

Y claro, el típico…

11:11

etc, etc, día sí y el otro también.

Ya escribí algo sobte esto hace muchos meses en este mismo blog, por cierto.

Pienso, ¿qué hora es?

Miro en el móvil y voila.

Ya me pasa tan frecuentemente que ni le doy importancia.

Es como parte de mi paisaje.

Pura sincronización con la mátrix, supongo.

Y hoy, bueno, pues me encuentro con esta fecha capicua – cabezaycola – perfecta.

Ya he vuelto de la compra.

Qué bien, porque así he tenido tema para escribir un poco.