La tomadura de pelo de cada tres meses

¡Toma selfie con morros!

O lo que siempre se ha llamado autorretrato… con morros.

Entrando en materia, cada dos o tres e incluso cuatro meses me toca transigir ante Olga.

Es mi Dalila.

Mis pelos crecen a un nivel insostenible para su gusto.

Mis puntas están como electrizadas y cada una va por su cuenta.

Imposibles de peinar.

No vale ni intentarlo.

Siempre ha sido así, tengo unos pelos fuertes e individualistas.

Qué sorpresa, ¿eh?

Así que tengo que permitir que la peluquera que ella elija me corte mis pelos de fuerza.

Que me corte mi conexión invisible con las emisiones de la naturaleza.

Bueno, eso dicen los gurús de lo fantástico.

Retomando el hilo, esta mañana me ha tocado mi corte de pelo trimestral o así.

A las órdenes de Olga.

Sin embargo, retomo las riendas y doy mis exigencias.

Sin flequillo.

Sin patillas.

Sin brillantina ni productos tóxicos.

Sin peinados de moda reconocibles.

Lo más natural posible.

Y ahora que es verano, muy muy corto.

Durante los veinte minutos del proceso estoy lo más callado posible.

Porque para mí, lo más importante de una cabeza no es su peinado sino su cerebro.

Pero claro, no voy a decirle eso a la profesional del corte.

Está claro que no me gusta, ni nunca me ha gustado, que me corten el cabello.

Son los minutos más absurdos que tengo que aguantar en esta vida.

Vale, los de este día ya han pasado.

Hasta dentro de unos meses.

Excelentes notas

Hoy ha sido el día que teníamos que ir a recoger las notas finales de nuestros hijos.

Así que para allá nos hemos ido esta mañana.

Ha sido una experiencia… bueno… aduladora.

De verdad.

Ambas profesoras estaban encantadísimas con nuestros hijos.

No sólo por las notas escolares, llenas de excelentes.

La profesora de mi hijo menor, que el próximo curso irá a cuarto de primaria, nos ha dicho que no es necesario que compremos cuadernillos de repaso.

Que con que nuestro peque siga leyendo libros en castellano y en catalán este verano es más que suficiente.

Una curiosidad es que sabe que soy youtuber porque una vez se le escapó a mi pequeñín.

Pues vale.

Por el otro lado, la profesora de mi hijo mayor estaba como flotando de emoción; sí, sin exagerar, porque mi hijo ha superado de largo por la parte alta la media de toda Cataluña en los exámenes de Competencias Básicas.

Lo ha llamado “genio” varias veces.

Increíble.

Y, por supuesto, nos ha dicho que deje de estudiar este verano y que se divierta lo máximo posible.

Y el curso que viene, irá al instituto, a cursar ESO (Enseñanza Superficial Ofuscante).

Olga y yo nos hemos reconocido en las diferentes anécdotas que las dos profesoras nos han contado sobre nuestros hijos, porque ambos estuvimos siempre entre los mejores estudiantes de las clases a las que fuimos de niños.

Pero, de verdad, y ya lo he dicho varias veces, con la bajada de nivel en la educación, siempre hemos dado por descontado que nuestros hijos no tendrían problemas.

Es más, les es bastante sencillo destacar.

Por supuesto, no hemos dicho nada de esto a sus profesoras, les hemos agradecido su trabajo durante el curso y les hemos deseado un buen verano.

Sí, puede parecer hipócrita, pero no vale la pena sacar ciertos temas en estos casos.

Dejamos que el agua siga fluyendo y que tengan la imagen que quieran construirse.

Se lo dije a mis dos hijos desde el principio, desde que entraron a los tres años: “la escuela es muy fácil, hacedlo lo mejor posible y tendréis una época de escuela cómoda.”

Sin presiones, porque no son necesarias.

Y así está siendo.

El plan funciona porque es un buen plan.

Sencillo.

Sin sorpresas.

Bueno, en el colegio están convencidos de que el sistema educatvo funciona.

Ah, bien, que sigan creyéndoselo.

Nosotros a la nuestra.

Apáñatelas como puedas

350_20170627_640

Ayer alcancé la cifra de 350 frontales personales en Karatbars.

P-E-R-S-O-N-A-L-E-S.

Sólo los que alguna vez han intentado impulsar un negocio en red saben lo que eso significa.

Pero no lo voy a difundir mucho porque no es mi intención incendiar envidias.

De verdad, aunque no me importa.

Lo cierto es que de esos 350 sólo un porcentaje ha entendido cómo sacar provecho a esta herramienta tan eficaz para salir de la esclavitud económica como es Karatbars.

Me da igual.

No voy a perseguir a nadie para que se enriquezca, faltaría más.

Y nadie me hace ningún favor por apuntarse a Karatbars.

Si acaso, el favor se lo está haciendo a sí mismo por abrirse a una de las mejores oportunidades existentes hoy en día.

Cuando un nuevo afiliado se apunta, le envío las instrucciones en bandeja de plata para que pueda sacarle el mismo partido que le estoy sacando yo.

Y a partir de ahí es su desafío.

Sus resultados dependerán de su propia inteligencia e iniciativa, de su propio esfuerzo.

Ahí comienzan los problemas de mucha gente: tener que esforzarse.

Porque Karatbars no es ningún esquema de hacerse rico rápido.

Al contrario, es una empresa alemana seria, legal y estable.

La gente que va saltando de flor en flor, cuando ve que necesita esforzarse, es la primera en huir.

Porque todos hemos partido de cero.

Y cuando yo comencé, Karatbars estaba en pañales y no habían ningunas instrucciones.

No había ninguna experiencia que compartir para allanar el camino.

Ahora, en este momento, es incluso demasiado fácil.

Sin embargo, hay gente que todavía se pierde en sí misma.

La oportunidad está ahí, al alcance de quien quiera tomarla y hacerla suya.

El resto, bueno, ya he dicho que es una cuestión de inteligencia.

Mi única ayuda es explicar cómo hacerlo, los buenos resultados dependerán de como se las apañen.

Karatbars funciona, y muy bien, lo que no funciona es la mente de muchos.

La diferencia entre ganar o perder la marca cada individuo.

¿Soy demasiado directo?

Así es la vida.

No es un juego.

Mientras, continúo adelante y no espero a nadie.

Quien me acompañe, bien.

Quien no me acompañe, bien.

Yo muestro resultados, no palabras.

Vida gatuna

Comer.

Dormir.

Comer.

Curiosear en el balcón.

Comer.

Dormir en la cama grande..

Comer.

Dormir.

Comer.

Cagar olorosamente.

Curiosear dentro de un armario.

Dormir en la litera.

Comer.

Dormir.

Rascar el sofá.

Dormir en la silla.

Comer.

Rebuscar el bote de las olivas en la basura.

Dormir.

Comer.

Dormir en el punto más fresco del piso.

Comerrrrr.

Maullar en medio de la madrugada.

Dormir.

Esconderse en donde nadie le encuentre.

Comer.

Dormir mucho mucho.

Comer.

Saltar como un caballo por el comedor.

Dormirrrrr.

En fin, qué voy a saber yo, solamente soy su humano.

Por fiiiiiiin

Oh, esta noche he podido dormir.

Bueno, a las 0:59 me he despertado por dos o tres petardos, pero desde una ventana alguien ha gritado “¡Dejad de tirar petardos, coño!” – así, literalmente – y se ha escuchado un bajo “Vale…“, y ya no he escuchado más.

Aquí está el vídeo de la traca final, que ayer retransmití en directo…

Si, no hay nada como acabar fuerte, con cojones.

Ahhh…

Por fin ha vuelto la tranquilidad.

Y aquí acabo este monotema.

Mañana quién sabe de qué escribiré, pero ya no mas de estas “Fiestas del barrio“.

Ahora, a echarme una buena siesta y recuperarme.