Los tres primeros

Bueno, pues ya hay tres individuos en este mundo que van a disfrutar en papel de la lectura de “Ventana al futuro“. ¡Genial!

Enhorabuena a estos tres lectores por su sabia decisión.

Tengo que decir que a mi madre le ha gustado un montón, y que mi hijo mayor, que lo está leyendo, me dice que se está divirtiendo enormemente.

Por supuesto, eso está bien, pero mi objetivo es que millones de lectores lo disfruten también.

El obstáculo que tengo que eliminar es lo poco conocido que soy relativamente. Ése es mi desafío.

Porque sé que cuanta más gente me conozca, más gente tendrá la confianza de comprar mi libro, más gente lo disfrutará y más gente lo recomendará a otra gente.

Estos tres ejemplares vendidos son el principio de un largo camino. Porque “Ventana al futuro” es un libro como no hay otro, y merece que sea leído por el máximo número de lectores posibles.

Vaya, parece como si yo fuera el autor, ¿verdad? 😉

Hoy estoy contentísimo

Hoy es 1 de octubre de 2018, y se me han juntado tres motivos por los que estoy muy contento:

  1. Mi hijo pequeño cumple 10 años. ¡Es increíble cómo pasa el tiempo… para bien!

  1. Acabo de publicar mi libro “Ventana al futuro” en su edición en papel. Y deseo que tenga millones de lectores 😉
  1. Es el Día de la República de Catalunya. Hace un año ya que se proclamó la Cuarta República de Catalunya mediante un referéndum.

No todos los días son como éste, así que me permitiré saborearlo, y haré todo lo posible para que se fije en mi memoria.

¡Genial!

El helado gigante

Este año lo he elegido de mango y vainilla

Dice Donald Trump en sus libros, algo así como: “Si vas a soñar igualmente, sueña en grande“.

Cada año que nos va bien, y este último año nos ha ido bastante bien, tengo un pequeño capricho que siemple cumplo.

Y es ir en verano a un lugar que conozco en Barcelona donde hay una heladería artesanal que vende unos cucuruchos con una bola de helado enorme de dos sabores.

Dicho establecimiento está en una zona turística céntrica.

Llevo ya más de diez años cumpliendo esta tradición personal.

Lamentablemente, en este plazo de tiempo han habido años que no pude cumplir mi celebración, porque no nos fue nada bien.

Sin embargo, este es el segundo año seguido en el que sí he podido y, además, me han acompañado mis hijos.

Y es el segundo año que, junto a mis hijos, hemos añadido una diversión a nuestra celebración.

Una diversión que a mis hijos les encanta.

Consiste en, tras comprar nuestros helados gigantes, ir paseándonos entre los turistas y disfrutar de sus rostros de sorpresa cuando ven el tamaño de nuestros cucuruchos mientras nos los comemos con deleite.

Y más, cuando pasamos cerca de otras heladerías de nombres famosos franquiciadas que, por el mismo precio o mayor, venden cucuruchos de helado más pequeños.

Así que, paseamos un rato por las zonas turísticas céntricas, tranquilamente, disfrutando del momento.

Hasta que acabamos nuestro súper-helado, y decidimos volver a casa.

Y hasta el año que viene.

Jejejé, es una de esas ventajas de ser nativos de Barcelona.

En Sant Vicenç dels Horts

El “truco”

El truco consiste en caminar diez minutos hasta el apeadero de la Colonia Güell.

La Colonia Güell está ya en la zona dos, por lo que podemos usar las tarjetas T10 de una zona dentro de la zona dos.

Aunque las tarjetas T16 de los niños de la zona uno no sirven en el resto de zonas.

Así que vamos todos con la T10.

Por cierto, el diseño de las estaciones grises de los FGC construídas en este siglo es una desgracia arquitectónica, de una mente demente.

Vale, sigamos la narración… 

Hemos ido mis niños y yo, y Olga se quedó en casa, por lo que el viaje, de ida y vuelta, nos ha salido por seis euros los tres.

A Olga no le suelen gustar nuestros experimentos a la aventura, es más, los considera una pérdida de tiempo.

Pero saco a los niños de casa, y eso permite a Olga descansar de nosotros y tener unas horas de tranquilidad.

En Sant Vicenç dels Horts

El pueblo, por lo que hemos visto, no es muy diferente a Sant Boi, pero con menos comercios y más pequeño.

Los diferentes barrios por los que hemos paseado son calcados: barrio obrero con feos edificios, barrio medio con casas pareadas individuales y núcleo clásico con casas de más años.

Todo en un espacio menor.

Aunque no hemos visto el pueblo por completo.

Mis hijos han pasado un rato en dos parques, nos hemos cansado y hemos decidido volver.

El horrible barrio obrero

Como curiosidad, el ayuntamiento usa la misma propaganda ecoestúpida en los contenedores de basura, de igual diseño; si en Sant Boi es “SantBoiNet – SantBoiLimpio“, en Sant Vicenç es “SantViNet

Qué originalidad.

Y los autobuses locales tienen las líneas SV1, SV2 y SV3. 

Como en Sant Boi están las líneas SB1, SB2 y SB3.

Para diferenciarse, los semáforos están pintados de negro, mientras que en SB son amarillos, y las placas de las calles tienen una línea roja en su parte superior.

Es decir, todo marcado por el mismo patrón, por supuesto.

Anoto este pueblo para no vivir en él.

Otro día, visitaremos otro pueblo más de los alrededores, aunque me temo que Olga seguirá llevando razón.