El vídeopast: Testigos del pasado

Los radiopast fueron unos aparatos hechos públicos comercialmente en 2025. Unos años antes se había descubierto como amplificar y modular las frecuencias sonoras emitidas en un lugar en horas, días, semanas, meses, años y décadas anteriores. Estos aparatos podían ya recoger las ondas sonoras de tiempos concretos. Es decir, se podía especificar escuchar las conversaciones ocurridas en una habitación en una fecha concreta, exacta. Y tenían un sistema de grabación en mp3 para escuchar lo ocurrido una y otra vez.

Y tal como tenía que suceder, pasaron tan sólo cinco años para que apareciera el vídeopast. Y las cosas se volvieron, digamos, extrañas. ¿Quién querría ver y escuchar cómo sus padres les concibieron? ¿O ser testigo de crímenes horrendos? El pasado había dejado de ser un secreto. No es que los gobiernos totalitarios tuvieran cámaras para grabar el presente, es que ahora ni el pasado era privado. El ser humano quedaba atrapado por sus propios hechos. Ya no había escapatoria.

Las repercusiones fueron ya inconcebibles, ilimitadas. Los historiadores ya no necesitaban deducir el pasado e interpretarlo. Ahora podían ver los acontecimientos históricos con sus propios ojos y sorprenderse de los enormes errores y tergiversaciones de sus colegas del pasado. Podían entrar en el palacio de Versalles, calibrar el vídeopast en una sala, en una fecha concreta, y ver y oir lo que allí ocurrió exactamente, en donde tenían enfocado. Se hacía una grabación en 360 grados y, voilà, la escena completa de una fecha señalada.

Ni que decir tiene, que revelar exactamente los hechos del pasado podía ser peligroso. La élite humana se arrepintió casi inmediatamente de haber permitido la venta al público de estos aparatos. Ya había sufrido un gran golpe con la aparición de internet. Ahora se les coló un aparato demoledor, que rompía las mentiras construidas para la paz social, es decir, para la buena manipulación de la masa. Y, precisamente, el choque psicológico de saber lo que no tenían que saber fue un duro golpe para dicha masa. Las cosas iban ya demasiado deprisa, no había lugar para la asimilación con tiempo, los mitos caían al segundo y las mentes insospechadas no podían asimilarlo sin estar preparadas.

El inventor del vídeopast, cuyo nombre vamos a omitir por nuestra seguridad, nunca fue consciente de dónde procedió, no la idea, que estaba en la mente de muchos, sino el diseño exacto del aparato. Una vez declaró en una entrevista encubierta que le apareció una imagen en su mente a base de flashes parpadeantes, como si estuviera recibiendo una transmisión. Bueno, el autor de este escrito sabe fehacientemente que fue una transmisión directa desde Alderaán, pero esos detalles tienen que permanecer ocultos para la Humanidad. El caso es que el invento funcionaba pero ni su inventor podía entender la física que había detrás. Al principio se pensó que solamente se podían captar las frecuencias que rebotaban por los siglos de los siglos en espacios cerrados. Sin embargo, se comprobó que también captaba las escenas históricas en espacios abiertos. Era inconcebible para los más eminentes científicos, pero ahí estaban nítidamente las imágenes y sonidos de la batalla de Waterloo. Extrañamente, funcionaba todo correctamente.

(¿Continuará?)

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No puedo ocultar que tengo mucha ilusión en que te guste, como les ha gustado a quienes lo han leído ya en versión digital:

Estaré encantado de saber qué te ha parecido el libro, aunque te aviso de antemano que es un texto rompedor, como no podía ser de otra manera.

Lo escribí para que lo disfrutes.

Ventana al futuro ya ha sido aceptado para su publicación en papel

Me satisface anunciar que a las 13:36 CET de hoy, 2 de octubre de 2018, he recibido el correo de confirmación de la publicación de la edición en papel de mi libro “Ventana al futuro“.

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Quienes ya lo leyeron en su versión digital opinaron esto:

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