He llegado hasta aquí

Hubo un tiempo en que temía el “efecto Van Gogh“, es decir, crear una obra pero que nadie se enterase de ella mientras viviera.

Pero llegó internet, y aunque tardé seis años o así en conectarme, desde el primer momento me di cuenta de que era un sistema de comunicación excelente para los individuos que se aíslan fácilmente como yo.

En este momento, ya puedo constatar que superé mis más salvajes sueños de mi adolescencia y niñez, que no eran tampoco muy exagerados…

En lo personal, una mujer me atrapó – literalmente – y tuvimos dos hijos preciosos y sanos.

En lo creativo, mis vídeos han sido vistos más de siete millones de veces y miles de lectores han leído mis escritos y libros y, encima, he ganado algo de dinero con ello.

Por lo tanto, cada día que abro los ojos y veo que es una nueva mañana, es para mí un bonus.

Sin embargo, de vez en cuando caigo en el desánimo porque noto que mi potencial es ilimitado pero, de alguna forma, no logro desarrollarlo como podría.

Es como la historia de aquel hombre que compró un terreno con el propósito de descubrir una beta de oro. Cavó y cavó durante años, pero al final se cansó y acabó por vender el terreno. Y, entonces, el nuevo propietario descubrió la beta de oro en tan solo una semana, porque estaba a pocos centímetros de donde el primer hombre había dejado de cavar.

Sí, muchas veces tengo ganas de rendirme, al fin y al cabo, alcancé mis metas básicas, pero siempre me retrae pensar que mi beta de oro podría estar a pocos centímetros.

Dejarlo ahora sería menospreciar mis esfuerzos acumulados de tantos y tantos años. Tantos fracasos y tantos sinsabores.

No sé; hasta aquí he llegado, y es mucho, pero ¿hasta dónde llegaré?

Ni idea.

Esa curiosidad es la que me impulsa a disfrutar de estas épocas de desánimo para continuar después.

Bah, ¿para qué esforzarme?

La idea es que me plantee para qué y por qué me esfuerzo y me expongo. Está claro que no gusto al algoritmo de YouTube. Cada vez que dejo pasar un par de días sin publicar un nuevo vídeo, las visualizaciones caen en picado. Y cuando sí lo publico, las estadísticas son de pena respecto al potencial de mi canal. Sí, YouTube, me doy por aludido y está claro que no se me quiere en vuestra plataforma.

De más viejo a más nuevo…

2.384: 5,73%.

2.524: 6,07%.

2.691: 6,47%.

2.209: 5,31%.

3.129: 7,53%.

1.542: 3,41%.

Desmonto el mito de la lucha obrera y ¿sólo lo ve el 3,41% de mi audiencia potencial en dos días? Mmm… 🤔

Luego, está el hecho de que de los que eligen dar a “me gusta” o “no me gusta“, al 94,9% de ellos sí les gusta. Y es más, la inmensa mayoría de los comentarios son siempre positivos. Por lo tanto, el hecho es que hago vídeos interesantes que tocan temas interesantes que llegan a quienes los ven. Eso es un hecho, me repito, y no estaría aquí, en este momento, si no fuera así.

Así que, ciertas pseudo-críticas que he leído últimamente de gente que dice haberme calado y me exponen, sólo son ataques de inútiles envidiosos que quieren desanimarme, pero que no tienen nada que ver con la realidad de los hechos. Que les zurzan.

Sin embargo, la deducción es que YouTube sí quiere que reconozca que no vale la pena mi esfuerzo, y que tampoco compensa el peligro al que me expongo por tratar ciertos temas. Quién sabe, ¿lleva razón YouTube? ¿Se saldrán con la suya? Sólo puedo seguir resistiendo, pero ¿hasta cuándo? Ni idea.