¿Qué está pasando?

Parece como si me hubiera olvidado de escribir aquí.

Pasan los días, pasan los días y no publico ninguna palabra interesante.

Hay cosas que están pasando por debajo del radar de este blog.

Como la implantación del grupo de Telegram en donde respondo los comentarios de mi canal de YouTube, aunque hay quienes son incapaces de entender su sencillas reglas.

O como la preparación de mis vídeos, búsqueda de información, análisis y aplicación de ideas. Quien se crea que hacer un vídeo de 10 minutos es cosa de 10 minutos, está atontado.

O como la vida normal, con sus visicitudes diarias.

O como los sucesos inesperados.

O como que a veces pierda las ganas de escribir y tenga que recuperarlas.

Venga, acabo con…

Otro rato, ya se me ocurrirá algo.

Quiero aprovechar la ocasión para agradecer a mis financiadores su confianza en mí. Gracias a ellos estoy pudiendo pagar mi presencia en la red. Si todavía no eres un financiador, puedes unirte aquí.

Permiso concedido

Amazon me ha dado vía libre, tras pasar todos los filtros habidos y por haber, para la publicación en papel de mi libro “Ventana al Futuro” en todo el mundo. En todo el mundo, se dice fácil, ¿eh?.

¡Genial! ¡Qué comience la fiesta! O casi.

Qué época ésta en la que el escritor es el editor y el maquetador y el diseñador y el vendedor y el todo-lo-que-sea-que-haya-que-hacer.

Lo que más me ha costado ha sido diseñar la portada según las especificaciones de Amazon. Pero tras unas cuantas horas luchando con el creador de cubiertas lo conseguí. Ahora, me falta comprobar un pequeño detalle y, seguramente, me lleve una semana o así hasta que apriete el botón de publicación.

En todo caso, supongo que me esperaré hasta ese momento para anunciarlo al mundo con bombo y platillo.

Quiero dar las gracias a todos los árboles que se sacrificarán para llevar mi historia a quienes estén interesados en leerla. En realidad, desde hace décadas, la reforestación ha hecho que cada vez hayan más árboles, por lo que no tengo ninguna ecopena sino todo lo contrario.

Qué cosas, hace unos años decidí que no haría versiones en papel de mis libros pero ¿por qué limitarme? El olor a papel impreso ha vuelto, igual que el sonido profundo de los discos de vinilo. Los inventos que valen nunca expiran.

Así que, como hoy ha sido el día en el que lo conseguí, pues aquí lo dejo anotado.

Es el primero en papel. Pronto más.

Uf, casi no escribo hoy

Hoy, sin foto.

Acabo de darme cuenta de que hoy no me había parado a escribir unas letras, y he estado a punto de caer en el sueño.

Casi como ayer.

Y el caso es que, actualmente, escribir se ha convertido en algo tan sencillo que lo damos por hecho.

Despreciamos los libros de papel por haberse convertido en algo común.

Y durante siglos, los libros han sido Tesoros, con T mayúscula.

He visto comercios que vendían los libros por peso.

He visto libros que han superado el siglo que ni a 33 céntimos de euro los querían.

Qué pena.

Se han tergiversado los valores, y lo caro se considera barato, y lo barato se considera caro.

Se aprecia lo irrelevante y se desprecia lo relevante.

Sé que es una paradoja defender el papel desde un espacio digital.

Pero cuanto más sé de tecnología más aprecio lo real.

Lo que ha superado los siglos de experiencia.

Sí, casi se me ha olvidado escribir hoy, con un dedo en un teclado virtual de un móvil.

Pero escribir, escribir, como en papel y con tinta, a mano, no hay mayor experiencia humana que se le compare.

Y, un día, cuando caiga esto de lo digital en la efemeridad del instante, los Tesoros volverán a ser lo que se merecen por su virtud.

Escribir para no olvidar

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Cuando era adolescente fui consciente de que me olvidaría de aquellos instantes. Y por ello me puse a escribir para recordármelos en el futuro.

Y lo hice mayoritariamente en forma de poemas. Cientos de poemas que describían mis sensaciones en aquellos momentos. Para bien o para mal, yo fui así, y así intenté dejarlo reflejado lo mejor que supe.

El tiempo pasó, y olvidé. Pero aquellos papeles escritos a bolígrafo lograron sobrevivir. Y a veces los repaso para recordar quién fui.

Mucho más tarde, muchos de esos poemas los publiqué en tres libros que ahora están disponibles en internet en formato de ebook. Ésa fue una gran victoria personal para mí.

Ahora, continúo escribiendo, y también grabo mis ideas en vídeos, que publico en YouTube, y fotografío la vida, que plasmo en la red. Sin embargo, ya no es mi prioridad hablar a mi yo del futuro.

Ahora, mi intención ha aumentado su abanico y también se dirige a mis hijos. Para que, en el momento que lo puedan comprender, vean y lean cómo era su padre, y el entorno de la época de su infancia.

En realidad, lo considero un privilegio porque a mí me hubiera gustado que mis padres hubieran hecho lo mismo, pero mi infancia se perdió entre las sombras del olvido.

Apenas hay fotos de mi niñez, ningún vídeo en absoluto y las historias son verbales, a veces.

Por eso estoy retratando la cotidianidad, esta cotidianidad que en el futuro será pura nostalgia. Pero si sobreviven mis escritos como éste, mis fotos y mis vídeos, será una cotidianidad directa, sin intermediarios.

Capto estos momentos para el recuerdo, para que el manto del olvido no venza; espero que no sea en vano mi esfuerzo.

Publicado originalmente en: http://blog.jmgoig.org/2013/05/escribir-para-no-olvidar.html

Despierto

Siete cincuentayséis de la mañana.

Despierto.

Activo la wifi de mi Android.

Publico la foto diaria en mi diario de un instagramer.

Me pongo a escribir este post en el que digo que…

Despierto.

09/07/2012 en mi antiguo blog