Montándome un culto a lo Osho

Soy un hombre de gustos sencillos. Sólo me gusta lo mejor.

Bueno, hace tanta calor que se me ha ocurrido que ya es hora de montarme un culto egolátrico hacia mí.

¿Recuerdas cuando decía aquéllo de que no quería ser ni el líder ni el gurú de nadie? Pues me retracto, ahora voy a ser tu líder supremo.

Hay quienes pueden creer que lo digo en broma, pero si Osho, al que no tengo nada que envidiar en conceptos filosóficos, consiguió 93 Rolls Royce y una vida de lujo pagada por sus súbditos, digo, seguidores, pues eso indica que es un objetivo factible.

Algunos de los Rolls de Osho

Vamos a ver, que si lo normal es que el estado tenga esclavizada a la gente en su culto de muerte, enviando a millones a su muerte segura en las guerras como carne de cañón, ¿por qué yo no voy a tener un culto de amor, arco iris, unicornios y palomitas de maíz de colores? Sobre todo si me permite llevar una vida de lujo.

Sí, ya es hora de aceptar mi destino en este planetoide perdido en el cosmos: a partir de este momento me vas a adorar como es debido. Mi nombre será Goig… ¡GOSHO!

Y si tengo que alargarme la barba y llevar un gorrito con diamantes incrustados, pues lo hago y punto. Porque la imagen lo es todo.

Al fin y al cabo, ya estoy entrando en las edades de los venerables ancianos y puedo dar la imagen necesaria.

Así que, como primera medida, y para que se note que voy en serio, añadiré una aportación de 999,99€ mensuales en mi página de financiación para los millonarios que quieran venerarme – en cuanto tenga un momento para hacerlo. — Nota añadida: Vale, al final no lo hice, pero en el momento de escribirlo, estaba decidido a hacerlo.

E iré tomando medidas encaminadas hacia el culto hacia mí y mi filosofía. Porque, repito, ya es hora de aceptar mi destino.

Hoy casi hemos alcanzado los 40°C junto al Mediterráneo catalán.

¿Quién iba a decirme que la calor me traería buenas ideas?

La pregunta del millón

¿Hasta qué punto es la responsabilidad de uno mismo y en qué grado afectan los hechos de terceros?

Una pregunta eterna.

Algunos la responden con el concepto de destino.

Otros hablan de circunstancias y casualidades.

Supongo que cada cual apela a su experiencia personal.

Yo no voy a afirmar ni negar nada, pero hay ocasiones repetidas en las todo indica que las cosas tendrían que ir genial, pero no.

Como si los esfuerzos acumulados dejan de tener importancia de un día para otro.

Aparece un acontecimiento inesperado y se vuelve otra vez casi a la casilla de salida.

Cuando uno es joven, eso no importa demasiado, porque se tiene el futuro por delante.

Cuando uno ya no es tan joven, se pregunta si quedará alguna oportunidad más, el futuro era precisamente este presente, y se fastidió.

¿Volver a empezar? ¿Ya, para qué? Quizás en la próxima vida.

Bueno, sólo es una reflexión más que dejo aquí anotada, porque se me ha pasado por la cabeza. Supongo que era el momento.