Estas cosas no hay que decirlas porque quedan mal

Gracias al ‘agujero en la mátrix’ que me ha permitido fabricar divisas fiduciarias de la nada como si fuera un banco central, este último año he pasado de la clase subterránea a la clase baja y he logrado superar esta crisis inducida del virus chino de fábula, sin casi ni tener que esforzarme. Sin duda, ha sido uno de los mejores años de mi vida.

Por supuesto, pronto se me acabará el chollo, porque no puede ser de otra manera, y caeré de nuevo a la clase subterránea y volverán mis problemas habituales, incluso peores y definitivos, pero como se dice, que me quiten lo bailao.

He logrado ser un vago y un hikikomori financiándome a mí mismo, con mis propias reservas basadas en la especulación, sin parasitar a nadie ni depender de papá estado. Porque sí se puede.

Ha sido como un experimento que ha salido bien. ¿Cómo lo he hecho? Todavía no es el momento de entrar en detalles.

Sólo quería dejarlo escrito para constatar este hecho y vanagloriarme. Los que me odian, que sufran.

Sólo me interesa el oro

Gracias al oro que acumulé en mi última época de abundancia estoy yendo pa’lante en esta época de quietud.

Porque lo importante es el flujo de efectivo – ya trataré de ello en otro post. Y por eso me compré ayer una edición en papel de “El cuadrante del flujo del dinero“, para reforzarme los conceptos.

Para que mi próxima, y cercana, nueva época de abundancia sea más abundante, y esforzarme en que sea ya permanente.

Y por eso, de Karatbars sólo me interesa el oro, y más concretamente sus Classic Karatbars de 1 gramo, 2.5 gramos y 5 gramos. Y nada más.

Porque hace unos meses Karatbars realizó una ICO, y puso en funcionamiento una criptomoneda centralizada. Desde mi punto de vista fue un grave error, y por eso no he querido saber nada de dicha moneda virtual, y no sé cómo funciona la cosa. Porque ni me interesa.

Y digo que es un grave error porque esa shitcoin – todas las monedas virtuales centralizadas lo son – ha desenfocado a mucha gente que, en definitiva, nunca le importó el oro y creen que hay que ir por el negociete fácil.

Espero, de verdad, que Karatbars sepa lo que hace, y no acabe metiendo la pata. Porque este tipo de humo acaba siempre esfumándose – hemos visto estos últimos meses como todas estas monedas virtuales centralizadas han acabado en su valor real: cero patatero.

De momento, Karatbars sigue siendo el mejor sitio para conseguir oro a partir de cero, pues fue una genialidad que unieran el oro a un negocio de afiliación. Esto es algo real y tangible. Y que siga así por muchos años.

Mientras, sólo me ocupo de acumular oro físico, que es el único dinero, y de sacar provecho al sistema de negocio basado en el oro. Todo lo demás me resbala.

Porque, repito, es gracias al oro que acumulé en mi última época de abundancia que estoy yendo pa’lante en esta época de quietud.

Si hubiera dependido de las criptomoneditas, ahora estaría buscando comida en los contenedores de basura. Menos más que fui más inteligente y traspasé mis divisas sobrantes a oro.