Cinco o seis líneas

Hoy ha llovido, y parece que va a continuar por la noche.

He grabado un vídeo que publicaré mañana, seguramente lo programaré para las 13:13 CET.

Ha acabado la primera semana de colegio para mi pequeño y de instituto para mi mayor.

Por ello, han vuelto los tediosos viajes diarios en autobús.

Ya han llegado los cambios esperados, para bien o para mal.

El mundo sigue girando y nosotros con él, qué le vamos a hacer.

Excelentes notas

Hoy ha sido el día que teníamos que ir a recoger las notas finales de nuestros hijos.

Así que para allá nos hemos ido esta mañana.

Ha sido una experiencia… bueno… aduladora.

De verdad.

Ambas profesoras estaban encantadísimas con nuestros hijos.

No sólo por las notas escolares, llenas de excelentes.

La profesora de mi hijo menor, que el próximo curso irá a cuarto de primaria, nos ha dicho que no es necesario que compremos cuadernillos de repaso.

Que con que nuestro peque siga leyendo libros en castellano y en catalán este verano es más que suficiente.

Una curiosidad es que sabe que soy youtuber porque una vez se le escapó a mi pequeñín.

Pues vale.

Por el otro lado, la profesora de mi hijo mayor estaba como flotando de emoción; sí, sin exagerar, porque mi hijo ha superado de largo por la parte alta la media de toda Cataluña en los exámenes de Competencias Básicas.

Lo ha llamado “genio” varias veces.

Increíble.

Y, por supuesto, nos ha dicho que deje de estudiar este verano y que se divierta lo máximo posible.

Y el curso que viene, irá al instituto, a cursar ESO (Enseñanza Superficial Ofuscante).

Olga y yo nos hemos reconocido en las diferentes anécdotas que las dos profesoras nos han contado sobre nuestros hijos, porque ambos estuvimos siempre entre los mejores estudiantes de las clases a las que fuimos de niños.

Pero, de verdad, y ya lo he dicho varias veces, con la bajada de nivel en la educación, siempre hemos dado por descontado que nuestros hijos no tendrían problemas.

Es más, les es bastante sencillo destacar.

Por supuesto, no hemos dicho nada de esto a sus profesoras, les hemos agradecido su trabajo durante el curso y les hemos deseado un buen verano.

Sí, puede parecer hipócrita, pero no vale la pena sacar ciertos temas en estos casos.

Dejamos que el agua siga fluyendo y que tengan la imagen que quieran construirse.

Se lo dije a mis dos hijos desde el principio, desde que entraron a los tres años: “la escuela es muy fácil, hacedlo lo mejor posible y tendréis una época de escuela cómoda.”

Sin presiones, porque no son necesarias.

Y así está siendo.

El plan funciona porque es un buen plan.

Sencillo.

Sin sorpresas.

Bueno, en el colegio están convencidos de que el sistema educatvo funciona.

Ah, bien, que sigan creyéndoselo.

Nosotros a la nuestra.

El último viaje juntos al colegio

Hoy, Sabbath de Litha, o Solsticio de Verano en el llamado norte de esta esfera terráquea, ha sido el día elegido por la administración colectivista, siempre más lista que los demás, como último día de colegio.

Y, como el curso que viene mi hijo mayor accederá al ESO ( Enseñanza Superficial Ofuscante, o, oficialmente, Educación Secundaria Obligatoria), pues esta mañana ha sido el último viaje juntos de mis dos hijos y yo hacia el colegio.

En el autobús L79.

Mi hijo mayor ya ha sufrido los nueve años pertinentes de Educación Primaria.

A mi hijo menor todavía le quedan tres años de sufrimiento.

Al fin y al cabo, como son niños, son culpables y han sido dispuestos a cumplir la condena de la escuela.

Aquí, los colegios tienen vallas y rejas para que los niños no se escapen.

Justo como las cárceles; qué cosas, ¿no?

Al contrario, por ejemplo, del colegio al que fue Olga en la URSS, que era campo abierto sin vallas ni rejas.

Pero, eso, sólo es una anécdota.

Así que, ya está; etapa finalizada.

Por supuesto, muchos me preguntan… “Si estás tan en contra del sistema educativo, ¿cómo es que tus hijos han ido al colegio público lavacerebros?

Hay varias respuestas…

Una, que sólo soy el padre y Olga suele imponer su criterio; ya se sabe, es el poder del matriarcado.

Dos, porque prefiero que mis hijos sepan lo que es no tener libertad ahora cuando son niños para que la aprecien cuando sean adultos, como me pasó a mí.

Tres, por conveniencia pues hubiera entrado en una guerra con el estado y sus acólitos que hubiera perdido.

Cuando comenzaron mis hijos a ir al colegio les dije: “Hacedlo todo lo mejor posible y sed los mejores de vuestras clases porque así vuestros profesores os dejarán en paz. Y no repetid a nadie lo que os cuento en casa.

Y, con esta pequeña fórmula, mis hijos han sacado las mejores notas de sus clases y hemos pasado casi desapercibidos.

Los profesores en cada curso siempre nos han contado que estaban muy contentos con sus notas y actitud.

Incluso el año pasado, su tutora le puso una nota a mi hijo mayor diciéndole que no hacía falta que estudiara en el verano porque había hecho un curso genial.

La verdad, con el nivel educativo tan bajo, no ha sido nada difícil para mis hijos.

Bueno, pues me repito, etapa finalizada y ahora tenemos unos meses para prepararnos para la siguiente.

Y que todo cambie para que nada cambie, como dijo un personaje de la película “El Gatopardo“.

La valiosa cotidianidad

Solemos no dar mucha importancia a las cosas que repetimos cada día.

Hay como un ataque contra lo aburrido, parece como si tuviéramos la obligación de estar activos en cada momento.

Pero que nadie me quite lo aburrido y cotidiano.

Porque cuanto más aburrido y cotidiano sea un día, más tranquilo es ese día.

Y no pienso cambiar por nada del mundo la tranquilidad de los días en que no pasa nada.

Esos días predecibles que siempre acaban bien.

Esos días que subimos al autobús a las 08:30 de la mañana, y nos colocamos en los mismos asientos posteriores de siempre.

Que dejo a mis hijos en el colegio a las 08:48.

Que vuelvo a casa a las 09:17 o así.

Y que el resto del día yo marco mi propio horario y mis propios quehaceres.

Y que soy consciente de que para alcanzar este lujo de aburrimiento cotidiano he tenido que luchar un montón.

Porque sé que una gran parte de la población está convencida de que no puede permitirse este lujo.

La verdad, estoy orgulloso de mis privilegios por ser el resultado de romper con todo lo que te dicen que no se puede hacer.

¿Y por qué cuento esto?

Pues porque son los últimos días de mi cotidianidad actual.

Quiera o no quiera, en pocos días se va a romper para siempre.

¡Van a soltar a mis hijos del centro de programación educacional por las “vacaciones“!

Mi mujer ya está en modo pánico.

¡¿Pero qué vamos a hacer con los niños?! – repite una y otra vez.

Mmm… Ni idea, ya se nos ocurrirá algo… – respondo yo.

Y no sólo eso, mi hijo mayor ya no volverá al mismo colegio porque el curso que viene va a acceder a la ESO ¿Enseñanza Superficial Ofuscante?

Tempus fugit, los niños crecen rápidisimamente y nosotros decrecemos casi sin darnos cuenta.

Tendremos que inventarnos una nueva cotidianidad.

Así que, muchas veces no damos la suficiente importancia a nuestra cotidianidad, pero cuando se rompe es cuando nos entra la nostalgia al recordar aquéllos días enormemente aburridos y tranquilos, y, quizás, también, felices.

Una imagen que no les gusta a los inventores de extremismos

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Mujeres musulmanas orgullosamente grabando la actuación de sus hijos que están cantando canciones de navidad en catalán, y también en inglés, en el festival de la escuela, junto a sus compañeros.

Y no pasa ná de ná.

Vaya, no hay conflicto religioso.

Vaya, no hay conflicto lingüístico.

Vaya, todos aplauden, disfrutan y se lo pasan bien.

Esta es la auténtica Cataluña de hoy, lunes 21 de diciembre de 2015 según el calendario occidental impuesto.

Cualquier otra cosa es una patraña inventada para crear cizaña donde no la hay.