La semilla del mal

Pueblo” es el término colectivista estatista usado para manipular a la masa en beneficio de la élite colectivista. 

Cuando la religión es débil se usa al estado para unir a la gente y manipularla como a idiotas.
Fieles” es el término colectivista religioso usado para manipular a la masa en beneficio de la élite colectivista. 
Cuando el estado es débil se usa a la religión para unir a la gente y manipularla como a idiotas.
Siempre, en uno y otro caso, unos pocos se aprovechan del resto.

Mienten y manipulan, plantan la semilla del mal en su pérfido beneficio.

Además, todo seguidor de un culto es víctima de negarse a enfrentarse a la realidad por sí mismo. 

Prefiere obedecer ciegamente que pensar.
Porque la salida fácil siempre es obedecer.
Y es de esa condición humana de la que sacan partido las élites colectivistas, y colectivizadoras.

La obediencia ciega a un líder, sea religioso o estatal, es una enfermedad mental que se cura pensando por uno mismo.
Por ello, la única defensa, y el mejor ataque, para destruir al colectivismo es no formar parte de la masa, ser un individuo pensante e independiente.
Ser responsable de uno mismo, pase lo que pase; aceptarse a uno mismo tal como es.

La búsqueda siempre es dura e interior.

No hay atajos.

Mente colectivizada, mente desactivada

Esta mañana me ha dado por tuitear lo siguiente…

Los que ignoran el funcionamiento del sistema económico y social neofeudal actual son los que caen en las garras de los colectivizadores.

El único marxismo que se basa en la realidad y no en una fantasía manipuladora es el de Groucho Marx.

No hay lugar en el que se engorden mejor los cerdos que en una granja colectivizada. Ya lo avisó George Orwell en “Rebelión en la Granja“.

¿Por qué existen el Partido Socialista y el Partido Comunista pero no el Partido Capitalista? Habrá que arreglar esta injusticia.

El colectivismo es el opio para la plebe, se llame estado o religión. La masa, unida, siempre será mejor manejada y controlada.

No son mensajes gratuitos.

Estamos ante un peligro real.

Los flautistas de Hammelin ya han entrado en la fase de dirigir a la población insospechada al barranco.

Por supuesto, la población engañada y manipulada cree que está actuando por su propia voluntad.

No hay nada más lejos de la realidad.

Estamos antre un “síndrome de Estocolmo” de proporciones masivas.

Las víctimas adoran y defienden a sus opresores.

Pero no estamos indefensos, hay salida: no tenemos más que pensar realmente por nosotros mismos, ser auténticos individuos.

Porque una mente colectivizada es una mente desactivada.

Ésa es justo el objetivo de los Señores Neofeudales, y por eso es tan importante darnos cuenta lo antes posible.

No es mi intención convencer a nadie, simplemente dejarlo escrito para que cada cual decida. Lo contrario sería seguir el juego de los colectivizadores. La existencia de líderes que dirigen a la masa es el principal síntoma de que algo va muy mal.