El engaño eterno

Estos días he estado entreteniéndome viendo cadenas de noticias argentinas en directo a través de YouTube.

He escuchado discursos de políticos y de expertos economistas.

Sí, todo muy entretenido, más que nada porque están siendo discursos preparados de ficción.

Puro colectivismo y patria y blablablá.

Entre unos y otros han conseguido devaluar el peso argentino en más del 100% en un año. ¡Felicidades!

La narrativa oficial es la misma siempre en todas partes, no importa cómo se llame el país.

Ya cansa repetirlo una y otra vez.

¿Y la salida para cualquier habitante de ese lugar?

Sencillo: hacer lo contrario de lo que diga el gobierno de turno y ocuparse de uno mismo.

Prosperar mientras las ovejitas obedientes se hunden en su propia porquería.

No mirar atrás. No mirar a los lados. No tener compasión por la miseria.

Porque no queda otra.

No seguir a ningún líder más que a uno mismo. No pensar en colectivo, pensar en individual.

Hacer lo que los demás no quieren hacer. Dar los pasos que los demás no quieren dar.

No esperar, actuar.

El engaño es eterno y recurrente. Sigue atrapando a muchos que se dejan llevar por la corriente.

Sin embargo, es sólo un castillo de naipes. No tiene fuerza si no se le permite entrar en nuestra mente. Es como un vampiro que no puede entrar en tu casa si no le invitas expresamente.

En realidad, cuando todo se destruye, ¿sabes quiénes ganan? Los que construyen.

Quien ve siempre el vaso medio lleno está frotándose las manos de las oportunidades que se están abriendo en los lugares que están cayendo, como Argentina.

Por eso se inventó la frase de “en río revuelto, ganancia de pescadores.

Sé un pescador.

Os lo dije, maldita sea

El peso argentino ha perdido más del 100% en un año respecto al dólar. Quien compró oro a tiempo pudo protegerse. Quien no compró oro está disfrutando de su miseria.

¿Lo digo demasiado fuerte?

Hubo un montón de argentinos que se apuntaron a mi grupo de Karatbars. Y NINGUNO compró sus lingotes de oro físico. Y NINGUNO intentó desarrollar el negocio de Karatbars.

Los pocos que me contactaron me vinieron con la misma estúpida excusa: que comenzarían cuando tuvieran dinero.

Es, como digo, una PUÑETERA EXCUSA.

Porque para ganar dinero no se necesita dinero. Se necesita mover el culo y buscar quien tiene dinero. Y con Karatbars eso es muy fácil, porque quien tiene dinero necesita protegerse con oro. Sí o sí.

Entonces, quien no tiene dinero lo gana de cero con las comisiones que se ganan al encontrar a otros que sí lo tienen. Y con dichas comisiones se puede comenzar a acumular oro uno mismo.

Además, gracias a internet, podemos encontrar a individuos deseosos de usar Karatbars en todo el mundo. No nos limitamos a los estados en los que habitamos.

Eso justo es lo que yo hice, maldita sea.

Os lo dije, maldita sea.

Y me da igual si cae mal lo que digo y cómo lo digo. Me la suda.

Los venezolanos y argentinos cayeron en su propia miseria mental.

Ahora, ¿a quiénes va a tocar? ¿A los mexicanos, a los chilenos, a los ecuatorianos, a los… pon el gentilicio?

Mucha gente tiene la obsesión de mirar el precio del oro en dólares o euros, y les parece que está bajando. Mientras, en el resto de monedas el oro está realizando su función de reserva de valor perfectamente.

Argentina…

Venezuela…

Aprended la puñetera lección, aunque sea dolorosamente por no hacerme puñetero caso.

Os lo dije, maldita sea. Pero mi misión es avisar, no ponerme en la piel de los demás para hacerlo. Cada cual recibe lo que se merece según sus actitud, por acción o por omisión.

Ésa es la auténtica justicia.