2020: El año en el que intentaron asesinarnos

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Imagen gratuita chachiguay que hay que poner en cualquier post. Photo by Jill Wellington on Pexels.com

Si lees esto es que estás vivo. Felicidades. Hasta este momento has sobrevivido al intento de la élite globalista de asesinarte con el virus chino.

Si escribo esto es que estoy vivo, y he sobrevivido también.

Es 25 de diciembre del 2020 y quedan siete días para que finalice este 2020, así que supongo que superaremos este año, tú y yo.

Del 2021 no veo nada; de ése, ya no sé si lo superaremos. Pero este 2020, por fin, ha pasado a la Historia. A la Historia de las infamias, pero a la Historia.

Porque, vamos a ver, a los que les mean pero creen que llueve, siempre se creen las narrativas oficiales y nunca dudan de la palabra de sus amados dueños. Son tan obedientes que cualquier explicación ‘seria’ narrada por su periolisto favorito ya les vale. Es el poder de las bonitas sonrisas y el teleprompter.

Pero si estás leyendo esto, sé que no eres de esos. Que, aunque no sepas qué está pasando, al menos sabes que no es lo que te están contando. Y, de alguna manera, has podido evitar ser aplastado por la verdad verdadera del positivismo propagandístico.

Y has tenido que aguantar que te llamen ‘teórico de la conspiración’, ‘negativista’ y demás tonterías inventadas por los ingenieros sociales. Mucha fuerza has tenido para defender tu individualidad y caminar por la cuerda floja, y defenderte del virus chino con medidas heterodoxas. Has hecho lo que otros no han hecho, y por eso sigues aquí.

Eso es lo que importa, todo lo demás son monsergas.

Pese a todo, esto no es más que el principio. No sé si estaré aquí dentro de un año, pero sí sé que, si estoy, estos próximos doce meses superarán con creces en acontecimientos extraños provocados a estos pasados doce meses. No veo el 2021, ya digo, porque realmente no quiero verlo. Viviré día a día como si no hubiera un mañana, porque no habrá un mañana. Todo es hoy, ahora, el momento en el que respiro, nada está por sentado.

Es 25 de diciembre y, en esta parte del mundo, la gente llama a este día ‘Navidad’. Es un momento para desconectar y celebrar que todavía estamos vivos. Porque de un momento para otro podríamos no estarlo. No es el típico destino natural de la vida el que está decidiendo, sino un pequeñísimo grupo de humanos que se han creído con la potestad de poder eliminarnos a su antojo. Y lo están consiguiendo.

¿Has fracasado este año? ¡Enhorabuena!

¿Has fracasado este año? ¿Las cosas no te han salido como tú querías? ¡Enhorabuena! Únete al club.

Abraham Lincoln

1832 Perdió su trabajo.

1832 Derrotado para la legislatura.

1833 Fracasó en su negocio (Bancarrota).

1836 Crisis nerviosa.

1838 Derrotado para portavoz.

1843 Derrotado para el Congreso de EEUU.

1849 Rechazado para funcionario de la tierra.

1854 Derrotado para el Senado de EEUU.

1856 Derrotado para Vice-Presidente.

1858 Derrotado de nuevo para el Senado de EEUU.

1860 Elegido Presidente de EEUU.

¡NO PUEDES FRACASAR A MENOS QUE ABANDONES!

“Si has fracasado, eso significa que estás haciendo algo. Si estás haciendo algo, tienes una oportunidad.

Muchas gracias por acompañarme este año, y en especial a los financiadores que estáis apoyando mi labor. El año que viene, seguiremos aquí juntos, porque estamos “de fracaso en fracaso y tiro porque me toca”. Nadie ni nada puede parar a un terco resistente.

Nadie ni nada.

Aquí estamos.

El helado gigante

Este año lo he elegido de mango y vainilla

Dice Donald Trump en sus libros, algo así como: “Si vas a soñar igualmente, sueña en grande“.

Cada año que nos va bien, y este último año nos ha ido bastante bien, tengo un pequeño capricho que siemple cumplo.

Y es ir en verano a un lugar que conozco en Barcelona donde hay una heladería artesanal que vende unos cucuruchos con una bola de helado enorme de dos sabores.

Dicho establecimiento está en una zona turística céntrica.

Llevo ya más de diez años cumpliendo esta tradición personal.

Lamentablemente, en este plazo de tiempo han habido años que no pude cumplir mi celebración, porque no nos fue nada bien.

Sin embargo, este es el segundo año seguido en el que sí he podido y, además, me han acompañado mis hijos.

Y es el segundo año que, junto a mis hijos, hemos añadido una diversión a nuestra celebración.

Una diversión que a mis hijos les encanta.

Consiste en, tras comprar nuestros helados gigantes, ir paseándonos entre los turistas y disfrutar de sus rostros de sorpresa cuando ven el tamaño de nuestros cucuruchos mientras nos los comemos con deleite.

Y más, cuando pasamos cerca de otras heladerías de nombres famosos franquiciadas que, por el mismo precio o mayor, venden cucuruchos de helado más pequeños.

Así que, paseamos un rato por las zonas turísticas céntricas, tranquilamente, disfrutando del momento.

Hasta que acabamos nuestro súper-helado, y decidimos volver a casa.

Y hasta el año que viene.

Jejejé, es una de esas ventajas de ser nativos de Barcelona.