El poder no comete errores

En el campo del poder elitista no hay errores.

Tienen a su disposición las mejores mentes que el dinero puede comprar, y las experiencias de la historia real que sus antepasados han acumulado durante siglos.

Saben exactamente qué teclas tocar y qué resultados provocarán, siempre en su propio beneficio.

Sus planes vienen ya calculados desde hace décadas.

No, no hay coincidencias.

En cambio, este bloguero está solo; no tiene consejeros ni nadie que le proteja.

Y sin embargo, se atreve a dejar en evidencia los mecanismos de este poder casi infinito.

¿Cómo es que le permiten continuar? Bueno, no llamemos al mal tiempo.

Por suerte, su posición en el tablero de ajedrez de la vida es irrelevante. Haga lo que haga, y escriba lo que escriba, no va a poder molestar ni amenazar al poder establecido.

Este bloguero, en todo caso, no tiene como objetivo derrocar al poder establecido, sino pasar lo mejor posible los días que le quedan en este mundo.

Que se dedique a explicar cierto tipo de cosas no es más que hacer una crónica de los mecanismo de funcionamiento de esta sociedad humana en el presente.

Quién sabe, quizás estas crónicas sirvan para las élites del futuro y las tengan como experiencias para confirmar su poder absoluto sobre el 99,99% del rebaño humano.

O quizás no, porque este bloguero no tiene ninguna importancia, al fin y al cabo.

Pero que quede bien clavado en nuestras molleras: la élite no comete errores.

x10

Esta es una historia didáctica, que en la realidad se aplica imperfectamente.

0 a 1

Es el principio. 

Pasar de nada a 1.

Cuesta un montón, aunque parezca poco.

Los resultados son tan pequeños que parece que el esfuerzo no sirva para nada.

Pongamos que logrando cada mes 1, ahorrando al 10%, en un año se consigue 1,2.

1 a 10

El resultado sigue siendo pequeñísimo, pero el 0 ya se ha alejado.

Todavía cunde el pesimismo y se necesita ayuda externa.

Ahorrando cada mes un 10%, se acumula 12.

10 a 100

No está mal.

Todavía el ahogo apura, pero ya los resultados no son tan malos.

La mente comienza a animarse unos días y a decaer otros.

Nadie cree en ti excepto tú mismo.

En 12 meses se puede ahorrar 120 al 10%.

100 a 1.000

Bueno, ya se puede mantener a la familia casi sin ayuda externa.

Ya uno se puede conceder algún capricho.

A veces parece que la cosa no avanza, y puede parecer que la mente se acomode por los logros conseguidos.

El ahorro anual alcanza los 1.200, ¡guau!

1.000 a 10.000

El quinto año es clave.

Muchos se quedan aquí porque ya tienen su comodidad completada.

La gente afirma que no se puede creer que lo conseguiste, ¡qué lista!.

A esto se le puede llamar independencia económica.

Ya no se necesita ayuda y, al contrario, se puede ayudar a los que estén retrasados en el camino.

El ahorro anual al 10% alcanza los 12.000, y ya sobra para caprichos.

10.000 a 100.000

Los que no se durmieron en el quinto año llegan al sexto plenos de optimismo.

Comienzan a aparecer parientes y amigos de los que no se había oído hace tiempo.

Ya se pueden realizar los viejos sueños que dependían de lo material.

El ahorro del 10% es de 120.000 y hay que comenzar a aprender cómo funcionan los paraísos fiscales.

100.000 a 1.000.000

El séptimo año, para qué contar.

La mentalidad es 180 grados diferente a la del principio.

Se logran todas las metas materiales, y los que se han quedado atrás atacan con todos sus celos y envidias porque tú tienes lo que ellos decían que era imposible: los invitas a tu isla privada a festejar tus logros… ¡qué envidien!

En 12 meses tus ahorros son de 1.200.000.

1.000.000 a infinito

Octavo año.
Todo funciona solo y la única misión es gastarlo de manera inteligente.

Tus ahorros… ya no puedes contarlos porque te dan igual.

¿Quién se creería que hace 8 años no tenías NADA?

El cliente nunca lleva la razón

Decía Steve Jobs algo así como que “el usuario nunca sabe lo que quiere“.

Y es totalmente cierto.

Estamos en una situación en la que el 99% quiere caer bien, agradar y dar lo que los demás creen querer.

Por eso son el 1% los que realmente tienen éxito.

Porque no les importa lo que los demás creen querer sino que se enfocan en innovar.

Podríamos decir que innovar es dar lo que los demás no sabían que iban a querer.

Innovar es sorprender.

Por supuesto, al principio muchas innovaciones han sido mal recibidas y se ha tardado un tiempo en ser aceptadas.

Sin embargo, para destacar no se puede actuar como el resto.

En un mar de ovejitas blancas no se puede ser otra ovejita blanca.

No se llega nunca a la excelencia siguiendo el camino de la mediocridad.

Una definición de locura es seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes.

Por eso una vez expresé: “Soy humano y cometer errores es lo que más amo.”

No valen las simulaciones, fracasar en tiempo real es lo que otorga la experiencia para aprender lo necesario y alcanzar el objetivo que uno se ha propuesto, lo que llamamos éxito.

Siempre me ha parecido curioso esos que se hacen llamar creadores y están constantemente preguntando qué es lo que quieren ver o leer sus seguidores.

Nunca sorprenden y siempre siguen el camino marcado.

Pues, como es evidente, no soy de esos.

Soy de los que crean su propio camino.

De los que explican lo que han hecho y no lo que van a hacer.

De los que dan giros inesperados hacia sentidos que parecen no llevar a ninguna parte.

Irremediablemente, mi objetivo es estar entre el 1% y, es más, entre el 0,0001%.

El público, ese 99%, no sabe lo que quiere y, eso, es exactamente lo que ofrezco.

Ni más ni menos.

¿No es extraño?

En este vídeo rompo con lo políticamente correcto.

Incluso me meto con las feministas.

Y sí, en un principio YouTube me lo desmonetiza pero, cuando lo revisan manualmente, lo vuelven a monetizar.

¿Dónde está esa censura de la que muchos se quejan?

¿O el encargado de mi cuenta en YouTube es un fan de mis vídeos?

Tras todos estos años, y tras todo lo que he contado en mis vídeos, mi cuenta de YouTube está impoluta, sin ninguna mancha.

¿Qué pasa aquí?

¿Tengo patente de corso?

¿O mis vídeos no son tan peligrosos como aparentan?

Qué extraño, ¿no?

¿Quizás a alguien oculto le interesa que siga contando lo que cuento y como lo cuento?

¿Tengo protectores que desconozco?

¿O me doy una importancia que no tengo?

Sea lo que sea, cruzo los dedos y que siga así por mucho tiempo.