¿Para quiénes no funciona la vida?

La vida no funciona para…

…los que se quejan.
…los que se inventan excusas.
…los que dicen que van a hacerlo pero nunca lo hacen.
…los que dudan de todo.
…los que no creen en nada.
…los que tienen miedo de su propia sombra.
…los cobardes.
…los perdedores.
…los que culpan a los demás.
…los envidiosos.
…los conformistas.
…los cuerdos.
…los obedientes.
…los que tienen esperanza.
…los que nunca actúan.
…los seguidores.
…los fanáticos.
…los mediocres.
…los que siguen las modas.
…los intelectualoides.
…los sabelotodo.
…los adictos a lo nuevo.
…los que no leen.
…los pasmados.
…los mentirosos.
…los defensores de lo inútil.
…los que no cambian.
…los que no aprenden de sus errores.
…los que se creen superiores.
…los que se creen inferiores.
…los obsesionados por lo aparente.
…los que no escriben.
…los tradicionalistas.
…los progresistas.
…los cientifistas.
…los mitológicos.
…los religiosos.
…los que pueden ser fácilmente etiquetados.
…los que se obsesionan.
…los que temen ofender.
…los políticamente correctos.
…los abusones.
…los que se creen con la verdad absoluta.
…los que no comparan.
…los que buscan trabajo en vez de inventárselo.
…los que se venden por migajas.
…los humildes.
…los ignorantes.
…los desagradecidos.
…los dependientes.
…los sirvientes.
…los adoctrinados.
…los veneradores.
…los incapaces.
…los negativistas.
…los ilusos.
…los indecisos.
…los enfadados.
…los infelices.
…los vergonzosos.
…los limitados.
…los indefensos.
…los débiles.
…los pobres.
…los inadaptables.
…los demasiado adaptados.
…los psicópatas.
…los violentos.
…los sumisos.
…los consumistas.
…los contempladores.
…los actores secundarios.
…los sin ideas.
…los incapaces.
…los soberbios.
…los que no tienen contradicciones.
…los perfectos.
…los estúpidos.
…los decentes.
…los cansados.
…los impacientes.
…los inconstantes.
…los vacíos.
…los sin voluntad.

La vida no funciona para quienes no quieren que les funcione.

3 comentarios en “¿Para quiénes no funciona la vida?

  1. En resumen: la realidad que vivimos es la creada por nuestros pensamientos y actitudes posteriores.
    Ni más ni menos que el resultado de una de las siete leyes universales proclamadas por Hermes en el Kybalión: la de Causa y Efecto

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