Un lugar sin humanos

La mejor ventaja de las ciudades es que puedes vivir aislado sin que no le importes a nadie. No hay mayor ventaja que vivir en un bloque de pisos en el que los vecinos no se hablan ni se saludan.

Es la mejor forma de pasar desapercibido.

Porque, puesto que el hombre es un lobo para el hombre, no hay mejor situación para una vida tranquila que la que te permita tener el mínimo contacto con el resto de humanos.

Está claro que el 100% de los problemas proceden de las relaciones con el resto de individuos. Eliminando la mayor parte de contacto con ellos, eliminamos la mayor parte de nuestros problemas.

Y es muy fácil conseguirlo en una ciudad, sólo se necesita encontrar un piso en un bloque de pisos en el que no importes a los demás, porque todos están demasiado ocupados consigo mismos.

Normalmente los barrios obreros de las ciudades son ideales para estos casos.

El hándicap es que para ello se necesita un flujo de dinero constante. Pero si uno se lo monta bien y crea un sistema de ingresos pasivos con la mínima interacción humana, es totalmente posible.

El dinero te permite crear una barrera en la que la interacción con el resto de individuos es mínima.

Por ejemplo, otra ventaja de las ciudades son sus supermercados impersonales en el que nadie te pregunta qué es lo que quieres, y con un “hola” sin emoción a la cajera ya es suficiente. Y puedes pagar el resto de servicios a través de cajeros automáticos y fríos.

Y así podemos encontrar la auténtica felicidad, que es vivir de acuerdo a nuestra voluntad sin que nadie nos moleste con sus objecciones.

Por supuesto, es importante no tener teléfono ni internet, o, si se tiene, no responder a las llamadas ni abrirse cuentas en las redes sociales. En este sentido, la discreción es fundamental.

Porque únicamente aislados y solitarios podemos ser nosotros mismos, y de esta forma también ayudamos al resto no molestándoles, para que también puedan estar aislados y solitarios y que puedan ser ellos mismos. No hay un nivel de altruismo más alto que éste.

Y así, hasta el fin de nuestros días, cuando meses después de nuestra muerte se encuentre nuestro cadáver, con una sonrisa feliz en nuestro rostro, sólo porque el hedor de nuestra putrefacción molestó a algún vecino, en verdad, la única molestia que causaremos a otro.

Luego, como si quieren dar nuestros restos a los buitres. Nuestro ideal se habrá cumplido y completado, y, ya muertos, ni tan siquiera nos dará igual porque no lo sentiremos.

3 comentarios en “Un lugar sin humanos

  1. Eso es lo que siempre se pretendió, entre otras cosas, con dividir a la geografía en “urbana” y “rural”. Y es algo SATÁNICO, que los mismos satanistas RECONOCEN y hay alguno de ellos que habla de la relación entre esos fríos bloques de hormigón con sus olores a orín de drogadictos que se pinchan, en contraposición a los pueblos medievales de las zonas paisajísticas que son “muy cucos”. : “Paco Fox : “Hay que saber disfrutar de Satán. Porque quizá no os hayais dado cuenta, pero nos rodea. Sus señales más claras no están en las guerras, en Bárcenas o en el último single de Milley Cyrus. Es algo más cercano. Satán está en todos los edificios modernos que se amontonan en nuestras calles y polígonos. Todas esas moles de hormigón llenas de chorretones y esas plazas de asfalto que nos gritan que nuestra vida YA es un infierno en la tierra. No tenemos por qué esperar a palmar.

    Y digo yo: ¿Por qué resistirse? Que sí, que los pueblecitos medievales son la mar de cucos, pero nosotros, los urbanitas, somos hijos de Satán. Hemos crecido yendo a colegios enfrente de los cuales había espantosos edificios con soportales llenos de ese inconfundible aroma a orín en los que los yonkis se picaban mientras nosotros dábamos clases de matemáticas. O al menos ese fue mi caso claro. Lo gracioso de todo eso es que se trataba del sitio en el que estaba la UNED. Satán ya sabía que sacarse una carrera solo iba a valer un par de décadas después para endrojarse.
    Así que lo mejor que podemos hacer para disfrutar de la vida no es cabrearse por los atentados estéticos de los discípulos de Le Corbusier, sino abrazarlos con amor y disfrutar de lo que nos ofrecen: fealdad, sensación de que la vida es inútil y en definitiva, desolación. Si miramos positivamente esas sensaciones nuestra infernal vida será igual de corta e irrelevante pero no veas la risa mientras tanto. Así que, gritemos todos : ¡SATÁN ES MI SEÑOR! ”

    http://discoversatanism.com/index-es.html

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