¿Quieres conseguirlo? Menos teorizar y más practicar

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Pero la primera cosa, y lo más importante es que sepas qué quieres conseguir. Si no lo tienes claro, cierra este post, márcatelo como favorito y vuelve cuando lo sepas.

Estamos en la época de los cursillos permanentes. Nadie se cree con capacidad de hacer nada si no tiene tres títulos universitarios y ocho másters de post-grado. ¡Qué pérdida de su tiempo precioso! Sí, como te suena.

¿Recuerdas aquel poema que decía “caminante no hay camino, se hace camino al andar”? Pues así funciona este mundo, ni más ni menos.

Realizar tropecientos cursos sobre tropecientas materias es postergar tu enfrentamiento con la realidad. Es boicotearte a ti mismo y demostrar que tienes miedo a ser tú mismo. Estar dentro de una burbuja que crees segura es lo menos seguro que hay en esta vida, créetelo ahora mismo.

Porque el miedo a perder es lo que nos hace perder.

Sólo se aprende a nadar, nadando. Sólo se aprende a ir en bicicleta, yendo en bicicleta. Y sólo se puede sacar partido de esta vida, viviéndola.

De ahí que haya tanta gente que haya triunfado por no ir a la universidad. En vez de continuar con las teorizaciones académicas, decidieron lanzarse a la vida y practicar, practicar y practicar.

Porque justo al contrario que en el academicismo, son los errores y fracasos el factor fundamental para lograr nuestras metas. Éste es un mundo de infinitas oportunidades que sólo llegan a los que las buscan a través de la jungla de los fracasos. Cada fracaso es un indicador de que ése no es el camino, es decir, un discriminador que te acerca al camino correcto.

Por eso, sea lo que sea lo que quieras conseguir, la teoría de otros no te va a servir. Es tu experiencia, las lecciones que sacas de tus prácticas las que te conducen a tu objetivo. Ya digo, sea el que sea.

Si hay algo que no sepas hacer pero ves que te llevará a tu éxito, simplemente hazlo. Hazlo, hazlo y hazlo hasta que forme parte de ti y lo hagas automáticamente.

Acepta tu miedo y aprovéchate de él, porque también es un indicador. Es la forma que tiene tu mente de decirte que justo ese miedo es el que debes superar para lograr tu meta. Haz lo que temes, y un día te reirás de ti mismo al recordar que tenías miedo de tal insignificancia.

Menos teoría y más práctica, porque la clave la tienes justo dentro de ti. Eres capaz de todo lo que te propongas, aunque quizás, en este momento no quieras saberlo. Es cuestión de tu voluntad.

Y cuando te pongas en marcha, y tengas tu objetivo claro, te irán llegando los medios necesarios para conseguirlo. Así, por las buenas. Incluso de formas que nunca hubieras previsto.

Créetelo, hazlo y lo conseguirás. Sin duda alguna.