En París, hicimos casi todos nuestros desplazamientos en metro y, la verdad, nos decepcionó bastante.

Tienen mucho campo para mejorar.

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Por ejemplo, los trenes son bastante estrechos y es complicado moverse en ellos sin molestar a otros pasajeros. Y las puertas se pueden abrir, incluso las manuales, antes de que el convoy esté completamente parado, con el peligro que eso conlleva.

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No hay apenas escaleras mecánicas ni ascensores. También, la obsesión por que nadie se cuele sin billete les ha llevado a colocar torniquetes de entrada complicados, y, lo que es curioso, puertas difíciles de empujar para salir. Por ello, Olga tuvo dificultades en todo momento por sus problemas de movilidad.

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Hay túneles muuuy largos para hacer transbordos, no muy bien señalizados, y …

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… y otros túneles están hechos un asco.

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Luego, la distribución y forma de los asientos en las estaciones no son muy cómodas que digamos…

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Además, las estaciones tienen sus añitos sin recibir reformas…

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… aunque nos encontramos también con una línea de trenes sin conductor, supuestamente más moderna, en la que habían baches constantes y las frenadas eran bastante fuertes. Eso sí, un cartel avisaba de esas frenadas.

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Pese a todo, es un método rápido y útil para moverse por la ciudad, a salvo de la lluvia…

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… porque hay estaciones cerca de los monumentos y muchas líneas que cubren todo el territorio. Y eso es importante para no perderse en una ciudad desconocida.