Por supuesto que no celebro el hannukah, ni el ramadán, ni la navidad…

Pero dentro de unas horas, cuando se despierten mi hijos, se encontrarán unos juguetes escondidos en alguna parte del comedor.

Porque se los habrá traído papa noel.

Es un juego al que todos jugamos.

Porque por mucho que no me guste la hipocresía y la falsedad de este período, no tengo problema en aparentar ser también hipócrita y falso temporalmente si eso hace feliz a los que están a mi alrededor.

Si alguien me dice felices fiestas pues yo le respondo igualmente.

Si alguien me dice feliz navidad pues yo le respondo igualmente.

Si alguien me dice feliz año nuevo pues yo le respondo igualmente.

Y si mis hijos esperan y les hace ilusión encontrar juguetes bajo un árbol adornado, pues eso es lo que tienen.

No es cuestión, ni hay tiempo en ese momento, de explicar las cosas como son, ni la otra parte quiere saberlo.

Por mi parte no les deseo felicidad ahora porque toque desearla, sino en cada día de su vida.

Ya lo expliqué en mi post reciente en Periodismo Alternativo: cada día es fiesta.

Y por ello mis buenos deseos son constantes y permanentes.

Sé que mi actitud y mis intenciones son muy fácilmente malinterpretables, pero es inevitable cuando nadamos en un océano de programación insertada en nuestras mentes.

Unos nos hemos dado cuenta ya, otros ya tendrán su momento cuando se sientan preparados.

2 comentarios en “

  1. Estoy contigo, es lo que yo siempre he dicho, que celebramos el nacimiento de alguien que no conocemos y ni siquiera sabemos si realmente existió tirando la casa por la ventana. Y en nuestro cumpleaños que es una fecha más importante para nosotros nos apañamos con una tortillita. Bueno un saludo y a cuidarse.

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