Por primera vez, en las estadísticas de YouTube de los últimos 28 días están viendo mis vídeos más desde otro país que no es España: México.

Pues por mí encantadísimo de gustar internacionalmente 😀

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El dinero es una idea, en realidad es un buen invento eficiente para los intercambios directos e indirectos.

Pero el problema es cuando la gente da más importancia al dinero que a la misma gente, cuando la gente obedece al dinero y deja de pensar por sí misma, entonces se ha tergiversado la idea original.

Y eso es justo lo que está pasando ahora cuando una minoría tiene el monopolio de la fabricación del dinero (divisas fiduciarias) y el resto estamos obligados a obedecerles.

En cambio, que cualquiera pueda fabricar su propio dinero basado en un patrón daría un giro de 180 grados a todo.

Por ejemplo, si el dinero está basado en una cantidad de oro o plata, cualquiera que consiguiera es cantidad de metal podría acuñar su propio dinero.

Es decir, imaginemos que un gramo de oro equivaliera a 50 euros, con un gramo de oro cualquiera podría acuñar sus 50 euros y sería aceptado por los demás porque cumpliría con un estándard.

Ahora mismo, lo más cercano a ese futuro son los pequeños lingotes de Karatbars, que son aceptados por comercios. Su precio de intercambio equivale al precio de recompra de Karatbars, que ahora es de unos 33 euros.

Y la cosa funciona así: el cliente va a un comercio y paga un artículo de 30 euros con un gramo de oro equivalente a 33 euros. El comercio le devuelve 3 euros y se queda con el oro.

Entonces, el comercio tiene tres opciones:

1. Devuelve el oro a Karatbars, el cual le paga los 33 euros màs un 2% de premium.

2. Se guarda el oro para sí, como ahorro para no perder poder adquisitivo en el futuro.

3. O puede venderlo por su cuenta. Por ejemplo, si Karatbars está vendiendo el gramo a 49 euros, el comercio lo puede vender a 40 euros y gana 7 euros más, mientras que el comprador se ahorra 9 euros.

Sea como sea, el manejo del dinero vuelve a las manos de la gente, y ésta es una de las principales ideas que me atrajo de Karatbars, y por la que me he implicado en su negocio.

Ésta puede ser la revolución silenciosa más importante que haya ocurrido en los últimos 100 años: que el dinero vuelva por fin a la gente.

Ayer por la tarde se podría decir que “me vi obligado” a ir al cine con mis hijos.

Mi mujer les había prometido acompañarles, pero en el último instante se encontró mal, nada grave, todo bien ya, y me tocó ir.

El jueves es el “día del espectador” en los cines de Gran Vía 2, pero si añadimos las palomitas y los refrescos, salió todo a varios ojos de la cara.

La película que eligieron fue “Cómo entrenar a tu dragón 2”.

Una producción de la 20th Century Fox en dibujos por ordenador.

La verdad es que la tecnología de animación ha alcanzado unas cotas de perfección increíbles.

La historia es eficaz, planificada según los esquemas clásicos de manipulación de nuestros sentimientos, nada nuevo ni especial por aquí.

El caso es que mis peques se lo pasaron bien, y una película cada siete u ocho meses tampoco va a destrozarles.

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Pero, ah… cómo recuerdo las dobles sesiones ilimitadas sin palomitas de cuando era niño a un precio razonable que hacía que la sala estuviera llena…

La industria del cine se ha matado a sí misma y echa balones fuera para continuar en su decadencia.