Somos presos políticos.

Al menos aquí en Españistán, cuyo régimen actual es heredero del régimen ilegítimo que se impuso por las armas tras un golpe de estado.

Por ello todos los que nos hacen llamar “españistanís” estamos cautivos y desarmados desde entonces.

En este campo de concentración estamos obligados a mantener con nuestro sudor y lágrimas los lujos de la casta opresora.

Pero el problema no es sólo local pues todos los “países” son feudos de este planeta prisión.

Así que no tienes nada que hacer, agacha tu cabeza y mira al suelo, no te creas igualado.

Mi padre, sargento del ejército franquista durante siete años y veterano de la guerra de Ifni, ya lo decía: “Ni quito ni pongo rey, pero obedezco a mi señor”.

Somos presos políticos porque es lo único que sabemos ser, lo único para lo que fuimos programados desde niños.

¿O no?

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