Otra gente muy común es la que necesita permiso hasta para mear.

Necesitan una “autoridad” que les felicite por cada respiración que hacen.

Y que se disgustan si ven a otro no esforzándose en pedir permiso como ellos.

El bien es lo que les han ordenado que es el bien y el mal es todo lo que no sea oficialmente admitido.

Sin acritud hacia estas personas: dan lástima que gasten el mismo oxígeno que las personas que intentan vivir sus propias vidas.

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