Una vez leí una anécdota en un ejemplar del Reader’s Digest que contaba que una vez preguntaron a una madre de familia numerosa cómo lo hacía para repartir su amor entre todos sus hijos.

Ante esta pregunta, la madre sonrió y respondió: “No divido mi amor entre mis hijos, lo multiplico.”

Y ahí justamente reside el error del discurso reiterativo de los comunistas, socialistas, ecologistas y otros tantos buenistas.

Están convencidos de que lo justo es repartir la riqueza, cuando esto lo que provoca es todo lo contrario: más pobreza, material y mental.

Porque este reparto, además, está acompañado de complacencia, dependencia y un abandono de la creación de los medios necesarios para aumentar el nivel de vida.

Es más, unen la idea de la escasez de recursos y de que no nos merecemos vivir más allá de una absurda idea de austeridad.

Ahora, no me malinterpretes, no me he vuelto un ultracapitalista a lo Bill Gates, pero sí hay que darse cuenta de que fomentar la pobreza no es un buen sistema ni económico ni social.

En este mundo tenemos recursos, conocimiento y tecnología suficientes para explotarlos de tal forma que podamos reciclarlos, y vivir en la abundancia durante generaciones.

Éste es un hecho que la élite no quiere que sepas, y por eso se inventaron y financiaron el comunismo, el socialismo y el ecologismo: para corroer y controlar las mentes de la mayoría de la población.

Pero la realidad es justo la contraria: todos podemos ser libres y podemos vivir vidas plenas en las que desarrollemos nuestras potencialidades al máximo.

La diferencia entre hacerlo y no hacerlo está en nuestras mentes.

Nos han introducido tantos límites artificiales en nuestras mentes que nos han hecho acostumbrarnos a confundir lo posible como imposible.

Comencemos pues a desprogramarnos y a actuar en sentido contrario: la riqueza no se divide, se multiplica.

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Los banqueros están detrás de todas las guerras, es decir, todas las guerras son guerras de banqueros.

Es lo que afirma la ex-“managing director” de Goldman Sachs, Nomi Prins.

Nomi Prins nos cuenta que en todos los archivos a los que ha tenido acceso desde el pánico financiero de 1907, que, por cierto, fue la excusa para crear la FED, los grandes banqueros tuvieron acceso e influyeron a todos los presidentes de los EEUU en relación a las guerras.

Y es lo que nos encontramos en los libros del académico Antony Sutton.

En su trilogía sobre Wall Street, “Wall Street y la Revolución Bolchevique”, “Wall Street y el Ascenso de Hitler”, y “Wall Street y FDR (Franklin Delano Roosevelt)” Sutton nos documenta esta realidad.

No es por nada que las guerras son siempre un gran negocio para las élites financieras.

Las guerras son instrumentos de ganancias por todos lados para los banqueros: ventas de armas, créditos a todas las partes en conflicto, reconstrucción, la audiencia en los informativos, la limpieza genética al morir gente de clase baja en grandes cantidades… etc, etc.

Vamos, que las guerras son el negocio perfecto, sin fisuras, sin posibilidad de perder, 100% garantizado.

Hay una anécdota que una vez leí, resulta que antes de que los EEUU entraran en la I Guerra Mundial, una fundación creada por banqueros de Wall Street y cuyo objetivo oficial era “mantener la paz en el mundo” enviaba cada día un mensaje a Woodrow Wilson preguntándole por qué EEUU no estaba en guerra todavía.

Fijémonos en una cosa: ¿Qué sería de las ONG’s si no hubieran guerras que generaran pobreza y destrucción para la mayoría de la población?

Esas ONG’s no serían necesarias.

Es por eso, por ejemplo, que en el consejo de administración de la WWF, esa ONG tras la “Hora del Planeta”, se sienta el presidente del Bank of America.

Ésta es la realidad que nos hemos encontrado en este mundo, y si la desconocemos nunca podremos cambiarla.

Bankers are Behind the Wars Washington’s Blog
http://www.washingtonsblog.com/2014/04/wars-bankers-wars.html