Aquéllos que piensan que pueden cambiar el sistema desde dentro no son más que sostenedores del propio sistema que pretenden cambiar.

Suelen ser unos buen-rollistas defensores del buenismo que acaban defendiendo la «legalidad vigente» más que los propios legisladores.

Y no importa que aparezcan más y más leyes injustas y contrarias a las ideas que dicen defender que seguirán empeñados en no ver su estupidez infantiloide.

Porque ésa es la única forma de definir su actitud.

Suelen creerse más listos que los demás, intentando demostrar que tienen una estrategia para introducirse en el poder para luego deshabilitarlo.

Pero la experiencia demuestra una y otra vez que es el poder el que siempre los deshabilita a ellos.

Y al final han perdido su tiempo, y han hecho perder el precioso tiempo de los demás que les han seguido, por obcecarse en ir por el camino correcto.

Tengamos presente pues que para cambiar no se puede mantener lo que se quiere cambiar, pues entonces no hay realmente ningún cambio.

Quizás deberían tener esto en cuenta unos cuantos que se hacen llamar «piratas».

Piratillas de pacotilla, fortalecedores de la disidencia controlada.

Acaso troles del propio poder infiltrados en los grupos de oposición para debilitarla, que de todo hay en este mundo.