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Cuaderno de bitácora, fecha estelar 0410106.

Esta tarde he estado en Tarragona.

¿No ves un ojo que te está mirando desde la cima de este monumento?

Difiero completamente ante lo de que no somos esclavos todavía.

Decía Johann Wolfgang von Goethe, miembro de los Illuminati de Baviera bajo el seudónimo de “Abaris”, que “el mejor esclavo es aquél que piensa que es libre”.

Precisamente la analogía del iceberg es perfecta, porque observando la punta podemos creernos que no somos esclavos, pero si nos detenemos a profundizar nos daremos cuenta de que sí lo somos por completo.

Una detenida lectura de los libros “Tragedy and Hope” y “The Anglo-American Establishment” de Carroll Quigley y “America’s Secret Establishment: An Introduction to the Order of Skull and Bones” de Antony Sutton, nos muestra quiénes, cómo y por qué manejan los hilos de este mundo desde hace mucho tiempo.

Simplemente, es justo ahora, tras todo este tiempo que unos pocos estamos viendo más allá de la superficie, pero nos quedan muchas sorpresas desagradables por descubrir.

Creer que “aún podemos inclinar la balanza hacia uno u otro lado” es una creencia de los que todavía rasgan la superficie de dicho iceberg.

Igual que los que piensan que todavía no ha sido instaurado el “Nuevo Ordsen Mundial”, cuando éste lleva décadas entre nosotros.

E igual que los que piensan que al capitalismo se opone el comunismo, pues ambos sistemas son manejados por las mismas cabezas de Wall Street.

Una cosa más, el activismo clásico no nos sirve: es pura disidencia controlada.

Así es cómo nos mantienen entretenidos.

Mi respuesta a “Tecnología y poder: cómo evitar una ‘ciberguerra’ global de la que no escaparás”

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Un anciano ha tropezado con este socavón y ha caído al suelo.

Una mujer y yo hemos corrido a socorrerle.

Le hemos ayudado a levantarse y, por suerte, no ha sufrido ninguna lesión aparente.

Ha dicho que estaba bien, y ha continuado su camino.

En el vídeo que he grabado esta mañana me pregunto si hay algo que nos hayan contado que no sea mentira.

Ya digo, hemos llegado a un punto en el que ya no podamos ni creernos que dos y dos son cuatro.

¿Por qué tendrían que serlo?

En fin, que parece ser que tenemos que volver al punto de partida y replantearnos todo aquello que creemos que es cierto, por muy sagrado que nos parezca.

El vídeo estará listo para esta tarde, hora CET, si no hay contratiempos.

Éste es otro post escrito en el autobús.