Cuaderno de bitácora, fecha estelar 0410105.

Hay veces que las evidencias están tan delante de nuestras narices que ni nos damos cuenta.

Es la forma que tiene la élite de reírse de nosotros, esconder las cosas a la vista de todos.

Tomemos como ejemplo algo tan superficial como la ceremonia de los Oscar(TM) de Hollywood de 1961.

En el inicio, presentado por el cómico Bob Hope, hay un momento en el que bromea sobre que los rusos enviaron a un hombre al espacio antes que los Estados Unidos.

Y dice: «Esto prueba una cosa, que sus científicos alemanes son mejores que nuestros científicos alemanes.»

¿Nos damos cuenta?

Lo repito.

«Esto prueba una cosa, que sus científicos alemanes son mejores que nuestros científicos alemanes.»

Ahora sabemos que tras la segunda guerra mundial los aliados pusieron en marcha la «Operación Paperclip» en la que los EE.UU. protegieron a científicos e intelectuales nazis, sin importar su implicación directa en crímenes contra la Humanidad.

Parte de los científicos especializados en cohetería acabaron en la NASA, y otra parte acabaron en la agencia espacial de la URSS.

Incluso el fundador de la NASA fue un científico alemán con pasado nazi: Wernher von Braun.

Y aquí está, un cómico de la farándula, en una ceremonia intelectualmente irrelevante, diciéndolo delante de las narices de todos en directo a través de la televisión.

La opción de la reproducción del vídeo fuera de YouTube está desactivada, así que hay que verlo directamente allí – es en el minuto 13:33:

https://www.youtube.com/watch?v=blhrByxJu9Q?t=13m33s

Las cartas están sobre la mesa y sólo somos capaces de ver los faroles.

Exijo a los días que sean aburridos.

Que pasen sin acontecimientos extraordinarios.

Que sean predecibles e iguales al resto de los días anteriores.

Que sean anodinos en los que no ocurra nada mencionable.

Que pasen sin dejar recuerdos dolorosos.

Que se escuchen a los pajaritos piolar desde las ramas de los árboles.

Que el tiempo parezca detenido y no tenga deseos de avanzar.

Que la quietud sea el único movimiento perceptible.

Que al llegar la noche no haya nada de lo que arrepentirse.

Y que ésta pase para que llegue el amanecer de un nuevo día sin acontecimientos extraordinarios.