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Los revolucionarios de Vladivostok dan las gracias al general Graves y a sus tropas estadounidenses.

En esta nota del New York Times del 15 de febrero de 1920 podemos leer:

Vladivostok pro-americano

Los revolucionarios agradecen a Graves el preservar la neutralidad.

Vladivostok, 1 de febrero de 1920 (Associated Press). Desfiles, reuniones en la calle y discursos marcaron el segundo día hoy de la completa liberación de la autoridad de Kolchak. Las banderas rojas ondeaban en todos los edificios del gobierno y en muchos comercios y hogares.

Hay un pronunciado sentimiento pro-americano evidente. En frente del cuartel central americano, los líderes revolucionarios se subieron a las escaleras de los edificios, haciendo discursos llamando a los americanos verdaderos amigos, que en este momento crítico salvaron al presente movimiento. La gente insiste en una política aliada de no injerencia internacional en los asuntos políticos.

La Sede Central del nuevo gobierno en Nikolsk ha telegrafiado al comandante americano, el Mayor General Graves, expresando su aprecio por los esfuerzos en garantizar una política aliada de no injerencia durante la ocupación de la ciudad, y también por ayudar a una salida pacífica de la situación local.

Ya vemos que eran otros tiempos.

El presidente Woodrow Wilson había enviado al General William S. Graves a Rusia con instrucciones secretas.

El resultado fue la confirmación de los bolchevikes como única fuerza en Rusia.

Y éstos estuvieron tan agradecidos como muestra la nota del New York Times, que parece ser, pasó el filtro de la censura.

Los Estados Unidos evitaron que Japón invadiera Siberia, y protegieron las líneas de ferrocarril allí hasta que el nuevo gobierno bolchevike tuvo el suficiente poder para encargarse por sí mismo.

Además, en 1919 el Departamento de Estado envió armas y municiones para ayudar a los revolucionarios.

Tanto es así, que mientras Troski daba discursos anti-americanos en público, pedía a la vez en privado al embajador Francis de EE.UU. que enviara equipos de inspeccción militar para entrenar al nuevo Ejército Soviético.

Así es la verdadera historia, totalmente diferente de la historia reescrita.

Y lo que está ocurriendo hoy en día seguro que no es nada diferente.

Sólo que, posiblemente se sepa también dentro de cien años.

A saber las sorpresas que se llevarán nuestros tataranietos.