La dictadura no está funcionando correctamente.

No vamos a celebrar ningún patético fin de año occidental, y la policía de la decencia y el buen pensar no está dando patadas a la puerta.

Qué decepción.

Quizás ocurra que son demasiado pocos efectivos para la cantidad enorme de infractores.

O quizás ocurra que somos irrelevantes y nuestra actitud no importa en absoluto.

En ambos casos, la intransigencia estatal pierde.

Aunque, ¿que ganamos nosotros?

Hacer lo contrario de lo que nos ordenan sigue siendo una forma de depender de los mandamases.

Hagamos lo que hagamos, siempre van una casilla por delante.

La cuestión sería no correr en el mismo tablero, correr en el nuestro propio.

Nuestras reglas, nuestros errores, nuestros aciertos.

Ya veo, el miedo al salto al vacío es demasiado poderoso.

No queda más remedio: Feliz año nuevo occidental impuesto por la fuerza de la ingeniería social.

Aún así, no me da la gana celebrarlo.

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