No tengo ni puñetera idea.

Tras más de siete años con mi blog Crónicas Subterráneas y 2000 y pico posts, mis estadísticas son de pena penosa.

Vamos, de blog desconocido.

O el algoritmo de Google me odia, o no tengo ni puñetera idea.

Y, la verdad, culpar a un bot automático es una estupidez.

Así que está claro que el problema soy yo.

A este paso mejor me dedico a ver pasar las nubes, cosa que, por cierto ya hago.

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Esta idea se me ha ocurrido en este momento.

Rápido, cojo el móvil y lo enciendo para escribirla.

En 30 segundos o así se me habría olvidado.

O, como mínimo, le habría cambiado las palabras y ya no la expresaría igual.

No quiero ni contar cuantas miles de ideas se me escaparon por no vivir entonces en este futuro.

Ahora, a darle al botón guardar…

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Imagina que un arquitecto cobrara por cada vez que alguien mirara a un edificio que haya construido.

O bueno, menos exagerado, que cobrara por cada día que alguien entrara o viviera en el edificio.

O que un fabricante de cucharas cobrara por cada vez que alguien comiera con cada una de las cucharas que haya fabricado.

No queda más remedio…

¡HAY QUE DESTRUIR A HOLLYWOOD!

(Antes de que Hollywood nos destruya al resto.)

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Éste es un juego mental.

Son nuestras mentes las que están prisioneras.

Nuestra situación no depende de nuestra mala economía, sino de nuestro convencimiento de que no hay nada que podamos hacer para cambiar nuestra situación.

Pero, ¿sabes qué? ¿Por qué cambiarla si estamos tan cómodos en nuestra burbuja de quejas?

Imagina no tener ninguna excusa para quejarnos.

¡Esas ya no serían nuestras vidas!

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Sentado en la irrelevancia de los bits perdidos, escribió estas palabras difusas y confundidas.

Nunco hubo instante menos intenso ni blog menos parejo.

Frecuentando el vacío inmenso.

Relamiéndose en el éxito inverso.

Del sinsentido, experto.

Enigmático.

Sintomático.

Infantástico.

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