El helado gigante

Este año lo he elegido de mango y vainilla

Dice Donald Trump en sus libros, algo así como: “Si vas a soñar igualmente, sueña en grande“.

Cada año que nos va bien, y este último año nos ha ido bastante bien, tengo un pequeño capricho que siemple cumplo.

Y es ir en verano a un lugar que conozco en Barcelona donde hay una heladería artesanal que vende unos cucuruchos con una bola de helado enorme de dos sabores.

Dicho establecimiento está en una zona turística céntrica.

Llevo ya más de diez años cumpliendo esta tradición personal.

Lamentablemente, en este plazo de tiempo han habido años que no pude cumplir mi celebración, porque no nos fue nada bien.

Sin embargo, este es el segundo año seguido en el que sí he podido y, además, me han acompañado mis hijos.

Y es el segundo año que, junto a mis hijos, hemos añadido una diversión a nuestra celebración.

Una diversión que a mis hijos les encanta.

Consiste en, tras comprar nuestros helados gigantes, ir paseándonos entre los turistas y disfrutar de sus rostros de sorpresa cuando ven el tamaño de nuestros cucuruchos mientras nos los comemos con deleite.

Y más, cuando pasamos cerca de otras heladerías de nombres famosos franquiciadas que, por el mismo precio o mayor, venden cucuruchos de helado más pequeños.

Así que, paseamos un rato por las zonas turísticas céntricas, tranquilamente, disfrutando del momento.

Hasta que acabamos nuestro súper-helado, y decidimos volver a casa.

Y hasta el año que viene.

Jejejé, es una de esas ventajas de ser nativos de Barcelona.

Yo ya tengo la mía

“¿Sabías que en Rusia hay 9 millones de mujeres más que hombres?”

“¡Por fin! Tengo una oportunidad. ¡Rusia, aquí vengo!”

La propaganda progre a veces ataca a Rusia como una sociedad homofóbica por las leyes que no permiten la exaltación pública de la homosexualidad.

La realidad es que es una sociedad en la que los hombres mueren jóvenes, alrededor de los 45 años, y no hay suficientes para cubrir el cupo entre generaciones.

Entonces, para las autoridades rusas es un problema que los pocos hombres en edad reproductiva encima se pasen al otro lado.
Ni más ni menos, es una cuestión de supervivencia de su sociedad y costumbres.
Sin embargo, aquí en Occidente la propaganda siempre es más fuerte que la verdad.

A veces, las cosas tienen sentido si se las mira correctamente.

Otro día

Otro día más es otro día menos.

Otro día de los relativamente poquísimos comparándolos con lo eterno.

Afortunado de haberlo vivido.

Desafortunado de haberlo dejado atrás.

Otro día esfumado de entre mis días limitados.

Se ha ido, se ha marchado.

Otro día que se ha acumulado en el vacío del olvido.

Otro día que queda reflejado en un mero escrito.

No volverá más.

Un evento único.

Ayer fue futuro.

Mañana pasado será.

Otro día que es substituido por otro día que es substituido por otro día que es substituido por otro día.

Otro día menos que es otro día más.

Sedentario digital

De un tiempo a esta parte ha aparecido una nueva clase social, podemos llamarlos nómadas digitales, compuesta por jovenes de veiticinco a treinta y cinco años que obtienen sus ingresos a través de internet y se dedican a viajar por el mundo.

Entre esos nómadas digitales hay quienes viajan de lujo y otros que van con la mochila a cuesta.

Pero los que les distingue es que no tienen las típicas ataduras de los trabajos clásicos.

Precisamente, hace unos quince años, cuando descubrí que se podía ganar dinero en internet, comencé a planear algo parecido, coseguir no depender de un lugar ni un trabajo, que con tener una conexión a la red ya me sería suficiente.

Conseguir obtener los ingresos suficientes de internet para no depender ni de un trabajo ni de un lugar.

A eso se le llama independencia personal, también; cuando el tiempo es tuyo al cien por cien.

Y quince años después, ya digo, lo he conseguido, en parte.

Porque hace quince años no tenía ni idea ni de que conocería a Olga ni de que tendríamos niños.

Asi que, este hecho de la vida, del que me siento feliz y orgulloso, ha modificado en parte mis planes.

En este momento, para conseguir ser un nómada digital, estoy teniendo que esforzarme para que mis ingresos no me cubran a mí sólo, sino también a mi familia. 

Los jovencitos no tienen muchas responsabilidades, y eso está bien, que las disfruten, pero el cuarentón éste que escribe aquí, tiene que adaptarse a sus circunstancias.

He logrado, tras todos estos años, no depender ni de un trabajo ni de un jefe, pero, sin embargo, todavía dependo de vivir en este lugar concreto.

Por ello, ahora mismo pertenezco a una subclase, que puedo llamar sin equivocarme como sedentario digital.

Aunque es cuestión de tiempo, porque cuando supere una cantidad de ingresos determinados, que cubran las necesidades de mi familia, entonces, sí que ya no tendré excusas.

Entonces se me notará, porque pasaré más tiempo en las puertas de embarque que en un lugar en concreto.

Pero tampoco seré ya un jovenzuelo a la aventura de lo desconocido.

Es igual, falta poco, ya casi estoy. 

Hoy, nuevo vídeo en Youtube tras una pausa

Tras un perído de pausa de unos quince días, he publicado un nuevo vídeo en Youtube.

Un vídeo hablando precisamente de dicha pausa, cosa de la que ya he escrito en este blog.

Sobre mi semi-desconexión temporal.

Como curiosidad, Olga estaba fuera y los niños en silencio y he aprovechado para grabarlo en la cocina.

También, tras quince días he aprovechado para mirar las estadísticas y en este período de pausa, ¡han mejorado!

Por fin, poco a poco, mi canal continúa remontando tras el descalabro con la crisis de Youtube de febrero-abril.

Pero, para ser justos, no me ha sorprendido.

Porque, pese a que en Youtube parece que uno vale lo que su último vídeo, no es así.

Hay un pequeño truco o secreto.

Y es por eso que muchos de mis vídeos se ven más al cabo de meses que cuando los estreno.

El truco consiste en crear contenido atemporal.

Es decir, una noticia de actualidad tiene un tiempo limitado de importancia, pero una explicación sobre cómo funciona el sistema monetario se puede ver durante meses.

Es lo que llamo hacer un esfuerzo una vez y obtener resultados después.

Y, pese a que mi canal es relativamente pequeño, es por eso que puedo obtener nuevos subscriptores incluso haciendo una pausa no anunciada de quince días.

Y es más, gracias a haber publicado más de 1000 vídeos, esos nuevos subscriptores pueden verlos hasta la llegada de un nuevo vídeo.

A veces hablo de las desventajas de la tecnología, pero sus ventajas están para aprovecharlas también.

Seguimos adelante.